martes, agosto 16, 2016

El gran desafío...

A propósito de los juegos olímpicos, deberían servirnos para enfocar la mirada en otro gran desafío, como nos ha enseñado el Apóstol Shaúl (Pablo):

Heb. 12:1-3 Por tanto, nosotros también, siendo que tenemos a nuestro alrededor una nube tan grande de testigos, despojémonos de toda carga del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puesta la mirada en Yahoshúa, el autor y consumador de nuestra fe; quien por el gozo que le esperaba sufrió el madero, sin hacer caso de la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Elohim. Así que mediten en el que soportó tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo, para que no decaiga su ánimo ni desmayen.

El primer gran desafío que nos propone Shaúl es despojarnos de toda carga del pecado. Debemos pensar, entonces, en cómo se participa en esta "carrera" de la vida. Primero debemos entender qué es pecado. Como dijo el emisario Yojanán (1Juan 3:4): "Todo el que comete pecado también infringe la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley.". Y Shaúl también nos aclara: (Rom.7:7) ¿Qué diremos entonces? ¿Que la Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Al contrario, yo no supiera lo que es pecado si no fuera por la Ley; pues no estaría consciente de la codicia, si la Ley no dijera: ‘No codiciarás’.

Entonces, ya conocemos una regla de la "carrera": quitarnos los pecados de acuerdo a la "Ley", que está compuesta por los Mandamientos de Yahwéh, el Dador de la Ley. Ahora bien, Shaúl nos dice que el pecado "tan fácilmente nos enreda". ¿Qué quiso decir con eso? Pues, si no queremos cumplir los Mandamientos para limpiarnos de la suciedad de los pecados, entonces estaremos fácilmente enredados en ellos, al estar esclavos de la debilidad humana que ayuda a caer en los pecados. Para escapar de esa esclavitud, no sólo es necesario aprender los Mandamientos, sino también apoyarnos en la oración diaria para que el Todopoderoso nos ayude con Su espíritu de santidad.

De esta manera, aprendiendo los Mandamientos y, por medio de la oración, confesando nuestros pecados a nuestro Padre celestial para que nos perdone y nos ayude a no volver a cometerlos, podemos correr esa gran "carrera" hacia la "medalla" de la santificación y justificación. Pero debemos tener en cuenta otro consejo del Apóstol Shaúl, que dice:

1Co.9:24-27 ¿No saben que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero sólo uno lleva el premio? Corran de tal manera que lo obtengan. Y todo el que lucha se disciplina en todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; nosotros, en cambio, para una incorruptible. Por eso yo corro así, no como a ciegas; peleo así, no como quien golpea al aire. Más bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado.

Shaúl nos da el secreto para ganar la corona incorruptible: la disciplina. ¿Cómo? Pues evitando cualquier posibilidad que nos lleve a pecar. Eso es tener prudencia, que lleva a tener sabiduría. Si los corredores en los juegos se entrenan duro para obtener la medalla de oro, así debemos prepararnos para obtener la medalla de la vida sin fin y la santificación, sin la cual nadie verá a Yahwéh (Heb.12:14). Y nos preparamos para tener dominio de nuestras propias pasiones, como dije antes, con el estudio de los Mandamientos y la oración. Y cuando aplicamos lo que aprendemos, en cuanto a poner en práctica los Mandamientos para purificarnos de los pecados, entonces no seremos descalificados como hipócritas, y seremos premiados por Yahwéh con bendiciones, aún en la "carrera de la vida" actual.

Ahora, hay algo más que necesitamos para ganar la carrera. Como dijo Shaúl, poner "la mirada en Yahoshúa, el autor y consumador de nuestra fe". Esto no significa sólo creer en él como Mesías y Redentor de la humanidad. El Apóstol habla de muchísimo más que eso. Aquellos que no ponen su mirada en el Mesías que ya vino, resucitó y "se ha sentado a la diestra del trono de Elohim [del Todopoderoso]", no cuentan con una gran ayuda para ganar la carrera. Porque sólo aprender de la "Ley" y sus mandamientos no alcanza, porque necesitamos la ayuda del espíritu de santidad de Yahwéh. Y ese espíritu nos ayudará sólo si ponemos nuestra confianza en Yahoshúa nuestro Maestro y Salvador. Es ineludible eso. Porque sin esa ayuda será común perder la lucha contra la debilidad humana, por más conocimiento que tengamos de la Ley. Y si uno no se apoya en el Mesías, cae en el envanecimiento de su mente, porque el amor del Mesías causa una verdadera edificación haciendo precisamente la Voluntad del Todopoderoso con humildad, sin depender de tradiciones humanas.

Cuando nuestra mente se concentra en tener los pensamientos de Yahoshúa el Mesías; cuando corremos pensando en imitar sus acciones y la manera en que nos amó, entregándose hasta la muerte "sin hacer caso de la vergüenza", soportando  "tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo"; entonces podremos estar totalmente esperanzados para obtener el premio incorruptible de la vida sin fin. Ese es el gozo que le espera al que pone la mirada en el Mesías que vino y vive con nosotros. Y ese gozo nos ayuda a soportar toda prueba, por más dura que sea. Aunque suframos, sabemos que es para nuestro bien, como si fuera un remedio. Tal como dijo Shaúl (en Rom.8:28): "Sabemos que Yahwéh hace que todas las cosas contribuyan al bien de los que lo aman, de los llamados conforme a su propósito.". Y además dijo el Apóstol (en Hch.14:22): “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el Reino de Yahwéh”.

Así que, como dice Shaúl: "no decaiga su ánimo ni desmayen". Sigamos luchando firmes en la fe completa; esto es, con la obediencia a Yahwéh, nuestro Padre amado; y viviendo en Yahoshúa el  Mesías, imitando su fortaleza y su manera de servir, aún nos toque sufrir muchísimas cosas. Y no olvidemos el consejo de otro gran discípulo, Shimón Kefá (Pedro), que dijo (en 1Pe.3:17): "Porque es mejor que padezcan haciendo el bien, si la voluntad de Elohim así lo quiere, que haciendo el mal.". Y finalmente Shaúl nos deja un aliento que jamás debemos olvidar, sea que suframos o no, relacionado con la gran ventaja de tener fe de la mano del Mesías:

Rom.8:35-39 ¿Quién podrá separarnos del amor del Mesías? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿Los peligros? ¿La espada? Como está escrito: Por tu causa estamos expuestos a la muerte todo el tiempo; se nos cuenta como ovejas para el matadero. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los mensajeros, ni los gobiernos, ni lo presente, ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor del Poderoso [Yahwéh], demostrado mediante el Mesías Yahoshúa, nuestro Maestro.

Amén! Gabriel.

domingo, agosto 07, 2016

Amor al conocimiento y conocimiento del amor.


Mat.22:34-40 Cuando los fariseos se enteraron de que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en grupo. Uno de ellos, maestro de la Toráh, le preguntó para probarlo: “Rabí, ¿Cuál es el mayor mandamiento de la Toráh?” Yahoshúa le contestó. “Amarás a Yahwéh tu Elohim con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente. Este es el mayor y el principal mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la Toráh, y los Profetas”. (VIN)

¿Qué tienen en común ambos mandamientos? El amor, que funciona como un lazo que los une, y que los hace semejantes. Esta es la maravillosa enseñanza del Mesías, que no sólo dio una respuesta perfecta al maestro fariseo, sino también tomó dos mandamientos de La Torah y nos dejó una gran exhortación con ellos. Y si en esos dos principales mandamientos se basan (o dependen) la Toráh y los Profetas, eso quiere decir que cuando intentamos poner en práctica las Instrucciones de Yahwéh, la consecuencia de ello debe ser la manifestación de lo que es común a ellos: el amor. Primero amamos a Yahwéh, respetándole y aprendiendo Sus Instrucciones, que es el amor al conocimiento; y eso nos debe llevar necesariamente a poner el práctica el amor al prójimo, para alcanzar el conocimiento del amor; de lo contrario, no estamos amando a Yahwéh correctamente.

Cuando comenzamos a caminar restaurando las raíces hebreas de la fe, encontramos que nace en nuestros corazones un fuerte amor al conocimiento. Es como que nos enamoramos de Yahwéh, queremos hacer sólo su Voluntad de cualquier manera, buscar la ayuda de su espíritu. Es un despertar desde la ignorancia que nos produce una gran pasión por buscar conocer más la Verdad. Este amor es como un fuego necesario para mantenernos estudiando continuamente, acercándonos más a hacer la Voluntad Yahwéh. Ahora bien, ese fuego, que produce el amor, debe ser controlado para que sea correcto y no nos dañe. Esto es comparable a cocinar en un horno, que no puede ponerse al máximo, por ejemplo, para cocinar un pastel y que no se queme. Y ninguna comida que se cocine al fuego debe dejarse más tiempo de lo necesario, porque obviamente se arruinará. Hay que aprender a controlar el "fuego" del amor al conocimiento, porque de lo contrario puede hacer daño también; como cuando uno quiere aprender todo de golpe y en poco tiempo sobre la sabiduría hebrea, muchos vuelven atrás y hasta pierden ese amor. Un ejemplo en la Toráh de falta de control del amor, lo tenemos en Lev.9 y 10. Esto sucede luego de que por una semana estaban entrenándose los sacerdotes para el primer servicio con sacrificios del Sumo Sacerdote. Todo debía hacerse según las instrucciones precisas y claras que Yahwéh les transmitía a través de Moisés. Y en el octavo día, cuando se hicieron los sacrificios en el altar, la Presencia de Yahwéh apareció con fuego desde el cielo. Esto provocó una explosión de amor en los israelitas, más aún en los sacerdotes. Pero los hijos de Aharón, Nadav y Abihú, no controlaron su amor por querer agradar como sea a Yahwéh, el Todopoderoso; y eso les hizo cometer un gran error, como se relata:

Lev.10:1 Ahora bien, los hijos de Aharón, Nadab y Abihú trajeron cada uno su incensario, pusieron fuego en él, y le pusieron incienso; y ofrecieron delante de Yahweh fuego extraño, que él no les había mandado. (2) Y salió un fuego de Yahweh y los consumió; así murieron a instancias de Yahweh.



Debemos tener en cuenta el riesgo de cometer el error como el de los hijos de Aharón, para no amar a Yahwéh incorrectamente, y para respetar sus órdenes y nuestros límites. Es algo que debemos practicar cuando somos parte de una Asamblea, donde el amor correcto se debe desarrollar en un orden con jerarquía respetadas. Pero, ¿de qué otra manera se puede dar hoy en día ese error? Por el envanecimiento de la mente. El enviado a llevar la Buena Noticia a los gentiles, Shaúl de Tarso (Pablo), nos ha dejado una gran advertencia:

1Co.8:1-3 Con respecto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, mientras que el amor edifica. Si alguien se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debiera saberlo.

Más allá del tema de ese capítulo, Shaúl nos dejó una regla importante para tener en cuenta. Shaúl advierte que el conocimiento puede envanecer si no va acompañado por el amor. O sea, muchas veces podemos encontrarnos en la situación de que creemos que sabemos muchas cosas en la sabiduría hebrea, pero sin amor no tenemos el conocimiento como debe ser, y tampoco nos edificará. Eso porque nos falta el conocimiento del amor. Debemos ser conscientes de que cuanto más aprendemos, más nos falta aprender. Y eso nos mantendrá humildes para no envanecernos, y atentos para buscar aplicar el conocimiento que aprendemos de Yahwéh por medio del amor; en actos, no sólo sentimientos, disposición o ganas. Por eso Shaúl, en otro lugar, ha dicho unas claras palabras:


1Co.13:1-3 Si yo hablo en los idiomas de los hombres y de los mensajeros, pero no tengo amor, vengo a ser como un címbalo que resuena o un platillo que retiñe. Si tengo profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe necesaria para trasladar los montes, pero no tengo amor, nada soy. Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para que lo quemen, pero no tengo amor, de nada me sirve.

Noten que dice de manera chocante que si llegamos a tener todo el conocimiento, incluso revelaciones de cosas misteriosas o profecías; y aún si llegáramos a hacer grandes milagros, pero no tenemos amor, no somos nada, estamos vacíos. En otras palabras, podemos alcanzar grandes conocimientos, pero si no mostramos amor por medio de ellos, de nada nos sirve; sólo para envanecernos o hacernos creer que sabemos mucho, pero no estamos amando correctamente a Yahwéh.  Y también nos dice Shaúl:

Rom.13:9-10 Porque lo de “no cometerás adulterio, no cometerás asesinato, no robarás, no codiciarás”, y cualquier otro mandamiento, se resume en esta frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El amor no le hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la Torah.

Ejemplo: cuando decimos que amamos a alguien; sea un cónyuge; sea otro familiar; sea un amigo; sea un Maestro; sea un hermano de la fe; pero tratamos mal a esa persona; sea con malas reacciones o mal uso de las palabras; sea con envidia; sea con insolencia; sea juzgándola; etc...; estamos fallando en el cumplimiento del amor a Yahwéh mismo, además de no amar correctamente a tal persona. Hermanos, aquí tenemos una clave de lo que decía nuestro Maestro Yahoshúa. La Toráh y los Profetas se basan en lo común de esos primeros dos mandamientos: el amor. Quienes dejamos la creencia de tener amor sin respetar los mandamientos -que tampoco nos permitía tener un correcto amor, no podemos caer en el error de jactarnos de aprender los mismos, sin mostrar amor verdadero como consecuencia. Porque cuando demostramos nuestro amor en la práctica, entonces cumplimos la Toráh y amamos como debe ser a nuestro Padre celestial y al prójimo. Por eso el emisario Juan dijo:

1Jn 4:20 Si alguien dice: “Yo amo a Elohim” y odia a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Elohim a quien no ha visto. (21) Y tenemos este mandamiento de parte de él: El que ama a Elohim ame también a su hermano.

¿Cómo debemos demostrar nuestro amor? Como Shaúl lo dijo:

1Co.13:4-7 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es jactancioso, ni es arrogante. No es grosero, ni es egoísta. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Y este amor, junto al conocimiento, es el que nos edifica, el que se apoya en el respeto al Todopoderoso y al prójimo. Ahora, ¿alcanza con aprender toda esta teoría sobre el amor? ¿Es fácil estar listos para poner en práctica el amor como lo describió Shaúl? No es tan fácil porque somos débiles por naturaleza, por eso el emisario nos advierte (en 1Co 10:12): "Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.". Nos advierte que no sólo alcanza con aprender, sino también prepararnos con anticipación para estar fuertes espiritualmente para practicar el amor. Por ello debemos prestar atención al consejo de otro discípulo del Mesías, Shimón Kefa (Pedro):


1Pe 4:7-8 El fin de todas las cosas se acerca. Así que sean prudentes y manténganse alerta en la oración. Sobre todo, tengan entre ustedes un amor ferviente, porque el amor cubre una multitud de pecados.

Allí está la gran clave: mantenerse alerta en la oración. Es por media de ella que nuestro Padre celestial nos hace fuerte en el amor por medio de su espíritu, para poder cumplir verdaderamente con Sus mandamientos. Por eso también dijo Pedro.

2Pe 1:5-8 Por esta misma razón, pongan todo empeño en añadir a su fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia; a la perseverancia, devoción; a la devoción, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque cuando estas cosas están en ustedes y abundan, no los dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Maestro Yahoshúa el Mesías.

Comienza con la fe; crecemos con la búsqueda del conocimiento y las cualidades que harán que tengamos dominio de nuestras propias pasiones, como el control de la ira, evitar el rencor y perdonar, pasión por agradar a Yahwéh y seguir el ejemplo de Su Hijo Yahoshúa; y se perfecciona con el amor en la práctica. Y con el amor entonces no estaremos "ociosos" ni "estériles" en el conocimiento del Mesías; es decir, no tendremos sólo un conocimiento teórico, lo cual sería vano; sino que da frutos verdaderos que muestran que realmente ponemos en práctica los mandamientos y amamos a nuestro Padre Celestial.

Finalmente concluyo con una oración del mismo Shaúl:


Flp.1:9-11 Y ésta es mi oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento y en todo discernimiento, para que aprueben lo mejor, a fin de que sean sinceros e irreprensibles en el día del Mesías, llenos del fruto de justicia, fruto que viene por medio de Yahoshúa el Mesías, para gloria y alabanza de Elohim, nuestro Padre Yahwéh, bendito sea su nombre para siempre. Amén.

miércoles, agosto 03, 2016

La verdadera libertad...


1Pe. 2:15 Porque ésta es la voluntad del Poderoso: que haciendo el bien hagan callar la ignorancia de los insensatos. (16) Actúen como libres, y no como los que hacen de la libertad un pretexto para hacer lo malo, sino como siervos del Poderoso.

Ajá..! Aquí hay que preguntarse: ¿Qué es hacer el bien? ¿Quién enseña qué es lo bueno que hay que hacer? ¿Haciendo qué cosa uno es libre? ¿Es libre quien hace lo malo? ¿Quién es verdaderamente siervo del Todopoderoso? En pocas palabras, la verdad es que alguien sólo es libre si hace lo que el Todopoderoso dice que es bueno hacer, siendo también su siervo. Pero por siglos se ha enseñado, malinterpretando al Apóstol Pablo (como por ej.en Gál.5), que lo que el Amo del Universo manda a hacer como bueno causa esclavitud. Y eso es porque no pueden entender la Verdad, que es el Mesías, para ser verdaderamente libres. Y así tampoco pueden conocerlo en su plenitud y ser fieles a su Verdad, como está escrito: “Si ustedes permanecen en mi mensaje, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31-32). Sin embargo muchas personas dicen: "Yo creo en el Mesías, por eso soy libre y no esclavo de la Ley". Y otras tantas dicen: “No creo en ese falso Mesías, soy libre sólo con la Ley, sin esclavitud al engaño”. Pero el Mesías Yahoshúa les dice: "En verdad, en verdad les digo que todo el que practica el pecado es esclavo del pecado." (Juan 8:34). Porque también puede llegar a ser pecado el ser esclavos de las costumbres o tradiciones humanas, que apartan de la Verdad al estar sin el Mesías, o incorrectamente creyendo en él. Y sin obediencia correcta a la Ley, por amor a Yahwéh nuestro Padre celestial, no podremos librarnos de la esclavitud al pecado. ¿Por qué? Porque: "Todo el que comete pecado también infringe la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley. (1Jn.3:4).


2Co.3:17 Porque Yahwéh es el Espíritu; y donde está el espíritu de Yahwéh, allí hay libertad. (18) Por eso, todos nosotros, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria de Yahwéh, nos vamos transformando, cada vez con mayor gloria, en su misma imagen, mediante el espíritu de Yahwéh.


¿Por qué el espíritu de Yahwéh da libertad? ¿Quién es la gloria de Yahwéh? ¿Nos transformamos desde qué estado, hacia qué otro estado? La verdad es que sin ayuda del espíritu de Yahwéh, entonces podemos caer en esclavitud a una obediencia carnal o superficial, porque no tenemos poder para obedecer por amor y espiritualmente. Porque nuestro Maestro nos dijo: “Pero viene un tiempo, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a los que son así para que lo adoren. El Poderoso es espíritu; y es necesario que los que lo adoran, lo adoren en espíritu y en verdad”. (Juan 4:23-24). “Adorar” al Padre en espíritu y en verdad es principalmente obedecer Sus Mandamientos con Su ayuda y por total amor a Él. Alguien quizás piense que obedecer la Ley es carnal. Pero Pablo dice: “Porque sabemos que la Ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido a la sujeción del pecado.” (Rom.7:14). ¿Acaso por eso no debemos obedecer la Ley con sus Mandamientos? Esa no es la verdad, sino que, según Pablo, debemos dejar de vivir carnalmente para poder cumplir con la Ley, aunque sea parcialmente por nuestra debilidad, y con el favor del Mesías que nos libra de la condena de la Ley. Porque cuando buscamos vivir espiritualmente, con ayuda del espíritu de Yahwéh, entonces encontramos la libertad de hacer lo que debemos hacer, lo bueno, para no caer esclavos del pecado. Si alguien “libre” vive violando las leyes civiles de una ciudad, tarde o temprano perderá su libertad y quedará preso. Y quienes se creen libres en desobediencia y faltando el respeto al Todopoderoso, como dice Pedro, y que son “los que hacen de la libertad un pretexto para hacer lo malo”, quedarán presos de sus pecados y le irá mal en su vida, con el riesgo de perder la posibilidad de entrar al Reino del Altísimo. Por eso hay que despertar, “descubrirnos la cara” (salir de la ceguera, abrir la mente), y mirarnos en el espejo frente a la “gloria de Yahwéh”, que es el Mesías nuestro Maestro, para seguir el ejemplo de hombre obediente y respetuoso por amor absoluto a su Padre. Entonces podremos transformarnos, desde el estado de necedad y rebeldía, hacia el de humildad y fidelidad al Todopoderoso, pareciéndonos cada vez más a su Hijo Mesías.


Stgo.1:25 Pero el que presta atención a la perfecta Ley de la Libertad y que persevera en ella, sin ser oidor olvidadizo, sino como practicante activo, éste será feliz en lo que hace.

¿Quién será feliz en lo que hace? ¿El que dice que la Ley fue abolida y hay otra Ley mejor, que enseña a desobedecer? La verdad es que quien presta atención a otra Ley que no es la perpetua que ya ha sido entregada, no tendrá libertad. ¡La Ley del Mesías! Dice alguien. ¿Quién dijo que la Ley del Mesías es distinta a la Ley del Padre? Que el Mesías haya traído una correcta enseñanza de cómo aplicar precisamente la Ley de Yahwéh, eso es otra cosa y una gran verdad. En definitiva, lo que da verdadera libertad es la obediencia a la única Ley que existe, la de Yahwéh, a la manera como lo enseña nuestro Maestro y Mesías Yahoshúa. Y entonces sí podremos ser de verdad libres haciendo el bien; viviendo y adorando espiritualmente al Todopoderoso como Él desea; andando por el Camino de la Verdad para tener una Vida feliz en el Mesías.


Filón de Alejandría dijo:

También por otras vías se podría aprender en qué consiste la libertad propia de aquél que es bueno. Ningún esclavo es verdaderamente feliz. Porque, ¿qué desdicha mayor que el no ser dueño de nada, ni de sí mismo? Sin embargo, el sabio es realmente feliz, llevando sobre sí el lastre y carga de sus altas cualidades, en las que reside su señorío sobre todas las cosas; de modo que fuera de toda duda y necesariamente el hombre bueno es libre. Además, ¿quién podría decir que los amigos de Dios no son libres?

Más aún, así como ciertos estados dominados por la oligarquía o sometidos a la tiranía soportan la esclavitud, pues tienen duros y opresivos amos que les imponen su yugo y poder, en tanto que otros, que tienen por administradores y protectores a las leyes, son libres; así también entre los hombres aquellos en los que domina la cólera, la concupiscencia o alguna otra pasión, o también el insidioso vicio son enteramente esclavos, en tanto que todos aquellos que ajustan sus vidas a las leyes son libres.

lunes, agosto 01, 2016

Vivir en la Casa de Yahwéh.

Dijo David:

Salm.27:4 Sólo una cosa le he pedido a Yahwéh, y esto es lo que buscaré: vivir en la Casa de Yahwéh todos los días de mi vida, para admirar la hermosura de Yahwéh, y para frecuentar su Templo. (VIN)

Supongamos que el presidente del país donde vivimos nos invita a pasar unos días en el amplio lugar donde vive ejerciendo su cargo. Seguramente, y lo más correcto, es que lo hagamos respetando las reglas de ese lugar impuestas por el presidente, no haciendo lo que queramos como en nuestras casas. Si queremos vivir en la Casa de Yahwéh, nuestro Gran Presidente Universal para toda la vida, debemos hacerlo según Sus Reglas o Mandamientos. Su "Casa", además de ser el Universo que incluye nuestro planeta, es vivir con Su espíritu de santidad haciendo Su voluntad. Esto es lo que más debemos desear en nuestra vida y pedirle que nos permita hacer.

¿Para qué debemos desear tanto eso? "para admirar la hermosura de Yahwéh". La palabra hebrea que se traduce como "hermosura", también puede ser "belleza", "esplendor" o "deleite". Entonces, ¿Qué es eso también que nos permitirá admirar por respetar Sus Mandamientos, viviendo en Su Casa? Es el gran deleite de hacer la Voluntad de Yahwéh, porque Él nos recompensa con un sinfín de bendiciones que hacen que gocemos la vida sin medida.

¿Y para qué otra cosa también? "para frecuentar Su Templo". El "Templo" al que se refiere David es mucho más que el físico, el que construiría su hijo Salomón. Cuando logramos, por medio de la obediencia a los Mandamientos de Yahwéh, vivir en Su "Casa", podemos también frecuentar Su Templo gracias a Su espíritu de santidad que mora en nuestro ser. Esto significa que haciendo la voluntad de Yahwéh, construimos Su Templo en nosotros mismos, donde nos acercamos a Su morada espiritual. Pero también hay otro ser necesario para edificar un Templo completo, y es el Mesías. Por eso dijo el Apóstol Shaúl (Pablo):

Ef.2:20-22 Han sido edificados sobre el fundamento de los Enviados y de los profetas, siendo Yahoshúa el Mesías mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un Templo santo en unión al Maestro. En él también a ustedes se los edifica juntamente para morada de Yahwéh en el espíritu.

Con el Mesías edificamos el correcto Templo para que more el espíritu de Yahwéh, nuestro Padre Todopoderoso. Y para hacer que ese Templo sea "santo", la única manera es practicando los Mandamientos que pueden cumplirse, sin declarar abolido ninguno. Esta es la manera de ensamblar bien las piezas para crecer hasta ser un Templo santo, con obediencia a los mandamientos y fe en el Mesías imitándolo.

Y finalmente, para hacer que el deleite sea completo, además debemos frecuentar otro "Templo", que es guardar el Shabat. Cuando respetamos a Yahwéh viviendo como Él ordena en su día santificado, entramos plenamente a Su Templo, haciendo Su Voluntad de la mano del Mesías en un día lleno de gozo por vivir en la Casa de Yahwéh.

martes, julio 12, 2016

Conexión espiritual

Creo que todos conocen lo que es el WIFI, esa señal de internet inalámbrica que la mayoría posee en sus hogares, y que proviene de un aparato llamado "router" o de un "modem-router". Es sabido que la señal es captada por computadores portátiles, tablets, celulares, pero hasta una determinada distancia, según la potencia del aparato. Pasada esa distancia la señal de internet se pierde. Claro que los celulares, en general, tienen el servicio móvil de internet, pero no necesariamente todas las portátiles o tablets, a menos que lo contraten.

Pensemos en lo siguiente. Así como se pierde la señal cuando nos distanciamos demasiado del aparato que emite WIFI, también cuando nos distanciamos del Todopoderoso perdemos la conexión con Él. ¿Y qué sucede? Sufrimos, porque Él es la Fuente que nos provee buena vida. Para ser bendecidos por Yahwéh, nuestro Padre Celestial, debemos estar conectados a Él, recibir Su señal. ¿Cómo nos distanciamos si Él está en todos lados? Pues por medio de la desobediencia a Sus mandamientos; por no tenerle en cuenta en nuestro diario vivir, sólo cuando nos pasa algo malo; por no buscar conocerle. Y muchas veces Él permite que suframos para que nos acerquemos a Él, le conozcamos, o nos reconectemos. Estar conectados correctamente a Él es hacer Su Voluntad obedeciendo sus mandamientos; pensar en Él en gran parte del día y en cómo agradarle; dedicarle suficiente tiempo para orar y conversar con Él; estudiar Sus enseñanzas que están en la Escrituras; imitar a Su Hijo y Mesías nuestro Redentor que mostró la mejor manera de cómo hacer la conexión con Él. Lo mejor es vivir unidos al Todopoderoso en todo momento para ser felices y disfrutar bendecidos la vida; y para tener la suficiente fortaleza en la fe para superar con éxito cada prueba que se presente en el camino, y así ayudar a los demás.

Andar por la Luz




En la sabiduría judía encontramos: “Relatan que cuando llegó el alumbrado público a Bene Berak en Israel, el Sabio Jazón Ish caminaba con varios de sus alumnos por la calle y, al llegar debajo del poste, se detuvo y les dijo: ‘¡Qué enseñanza tan grande me ha dado este poste, ya que cuando uno está lejos de la luz, su sombra es muy grande, y a medida que se acerca, su sombra se achica! Y debajo directamente de la luz, no hay sombra. Así ocurre cuando estamos lejos de la verdad y de la luz Divina: nos creemos muy grandes… Nos pasará lo contrario cuando estemos totalmente debajo de ellas’.” (proyectojai.com)

Es muy interesante lo que enseña el Sabio, en cuanto a lo que pasa cuando uno está lejos de la Verdad y de la Luz Celestial. Creerse grande ocurre cuando uno cree que tiene muchos conocimientos, pero son sombras al estar alejados de la Verdad del Todopoderoso por tradiciones o costumbres humanas. Para quitarnos esas sombras hay que acercarse bien y con total humildad a la Luz del Altísimo, a la Fuente de Verdad, a Su Sabiduría Pura que está Escrita. Y hacer esto aferrándonos al Mesías que Yahwéh ha enviado para salvarnos, para purificarnos mientras intentamos ser sus fieles hijos según el modelo perfecto de persona que es el Mesías.

Por otro lado, cuando uno se aleja de la Luz de Yahwéh el Todopoderoso, que son Sus Instrucciones sencillas de entender, no sabrá tomar decisiones correctas, o no tendrá actitudes rectas para amar correctamente, y sufrirá porque caminará en la oscuridad de la necedad. Por eso decía David (Salm.119:105): "Lámpara es a mis pies tu palabra, una luz a mi camino.". Cuando caminamos bajo la Luz de la Verdad del Altísimo, que nos muestran Sus Mandamientos escritos, imitaremos a David y al Mesías. Estaremos seguros y sin miedo a tropezar por hacer la Voluntad de nuestro Padre Celestial.

viernes, julio 08, 2016

Busca la paz del Altísimo.

Juan 16:32  He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

Esto lo dijo el Mesías antes de morir. ¿Quiénes tienen esa fe del Mesías, esa fe verdadera para decir: "aunque quede solo, no lo estoy, porque mi Padre Celestial está conmigo"? Porque lo que estaba haciendo el Mesías es dejar un ejemplo. Por eso tienen gran sentido las siguientes palabras que luego dijo:

Juan 16:33  Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

¿Por qué dijo que, aún estando espiritualmente con el Mesías, en el mundo tendremos aflicciones, pero debemos confiar porque él ha vencido al mundo? ¿Confiar en quién? En el Todopoderoso Yahwéh, Quien no desampara a sus fieles hijos. Y así como no lo hizo con su amado Hijo y Ungido, tampoco lo hará con los que sigan a Su Hijo.

Pero la realidad del mundo empuja para que la mente se aflija en demasía, sobre todo aquella que es débil en la fe, más aún a la que nada tiene. El mundo con todos sus problemas y cosas negativas existe para quitarnos toda fe, para que suframos desesperación, para robarnos la paz espiritual o impedirnos que accedamos a ella. Y por tal razón es muy importante vivir una correcta fe en el Mesías, que nos dejó dicho:

Juan 14:27  La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La paz que nos deja el Mesías no es como estar recostados en una playa paradisíaca y con poca gente cerca. Tampoco es disfrutar de caminatas por campos verdes, lejos de las ciudades abarrotadas de gente, oyendo el canto de pájaros y el sonido de brisas. Estos ejemplos son de paz como puede dar el mundo. La paz del Mesías es la que trae calma espiritual, incluso en lugares llenos de problemas y en situaciones  aflictivas. Y quienes no tienen esa paz, tampoco podrán disfrutar en los ejemplos que mencioné antes en el mundo. La paz que provee el Mesías es provocada por el espíritu de Yahwéh, el Todopoderoso. Por eso el Mesías dijo que, aunque estuviera solo, igual estaba en paz, porque el Padre Celestial estaba con él. El Todopoderoso le transmitía esa paz y seguridad de mantenerse en calma, pase lo malo que pase, sabiendo que iba a sufrir hasta la muerte. Pero también sabía que resucitaría para cumplir con su misión y hacer feliz a muchísima gente.

Y esto es lo que dijo en una de sus cartas el Apóstol Pablo:

Filp. 4:6-7 Por nada estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante del Todopoderoso en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz del Todopoderoso, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en el Mesías Yeshúa.

Cuando se experimenten cosas negativas, situaciones aflictivas, abunden los problemas, el mejor remedio es reforzar la fe por medio de la oración. Aunque no haya gana, igual forzar la oración con paciencia, buscando a Yahwéh aunque sea en silencio inicialmente. Esperar en Él hasta que se logre la comunicación. Cuando eso ocurra, cuando se logre calma mental, entonces implórele su Perdón por los méritos del sacrificio del Mesías, con arrepentimiento sincero por cualquier obra mala que haya hecho, tanto contra Él como contra un prójimo. Y agradézcale por todo lo bueno que Él le ha dado y posee, incluso por permitirle vivir esa experiencia negativa para crecer en la fe. Y asegúrele que pase lo malo que pase, seguirá esperando en Él pacientemente, respetando Su Voluntad y Su tiempo. Prométale que nada en el mundo podrá hacerle perder la fe ni hacerle faltar el respeto a Él, su Padre que está con usted en todo momento. Entonces Él le entregará de su espíritu para transmitirle su paz, esa experiencia incomprensible y que no se puede explicar totalmente con palabras, sino vivirla plenamente.

Yahwéh el Poderoso de los Ejércitos le bendiga con Su paz, que es con Su Shalom, que es con calma espiritual, con bienestar, con valentía, con mansedumbre, con paciencia, con fe, con amor en la guía espiritual del Mesías. Amén!