miércoles, febrero 25, 2015

Éxodo 27:20. Luminaria eterna.


Ex.27:20 Y tú (Moshé), ordena [tetzavé] a los israelitas que te traigan aceite puro de oliva, prensado, para iluminación, para encender la luminaria constante. (Torat Emet)


La raíz hebrea de tetzavé es tzav, ambos términos significan "ordenar", y esa misma raíz es la de la palabra mitzvá, que es "mandamiento".
 
En una familia, el Todopoderoso ha señalado el camino de la educación en base a órdenes que los hijos deben cumplir, para sus propios beneficios y el de la familia en general. Este camino proviene de la Educación del Altísimo a Su Pueblo, para que también sea bendecido y prosperara, como está escrito:


Jos.1:7 Pero tienes [Yahoshúa] que ser muy fuerte y afirmado para observar toda la Torá [Ley] que mi servidor Moisés te ordenó. No te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. (8) Que este Libro de la Torá nunca cese de tus labios, sino que lo recites día y noche, para que observes fielmente todo lo que está escrito en él. Solamente entonces prosperarás en tus empresas y sólo entonces tendrás éxito. (9) Lo que te encargo es que seas fuerte y afirmado, no te atemorices ni te desanimes, que YaHWéH tu Elohim [Dios] está contigo dondequiera que vayas.


Desde el versículo 6, tres veces se repite al caudillo israelita que sea "fuerte y afirmado" para obedecer los Mandamientos dados a Moisés. Es que para ser un buen hijo del Altísimo, es necesario aferrarse a la persistencia en la obediencia de Sus Ordenanzas, con el fin de recibir bendiciones. Y esa es la educación más importante que uno puede recibir, más que la de padres terrenales, porque ellos están expuestos a equivocaciones por no haber tenido la educación Celestial.

¿Para qué sirven los Mandamientos? Para educar a una persona según la Instrucción del Amo del Universo. Y quienes los obedecen, adquieren sabiduría, que es a lo que alude la metáfora del aceite, con el cual debía mantenerse encendidas constantemente las luminarias del candelabro de 7 brazos (Menorá) en el Santuario. Cuando una persona aprende y practica los Mandamientos del Santo Bendito Sea, su alma es iluminada con Sabiduría Celestial.  Por ello dijo David: "Lámpara es a mis pies Tu Palabra, una Luz a mi camino. (Salm.119:105)", donde la Palabra es lo mismo que la Instrucción o Mandamientos del Altísimo.

Por tal razón, cuando llegó Yahoshúa (Yeshúa o "Jesús") el Mesías, jamás vino a invalidar la Torá o Palabra del Todopoderoso (como él mismo lo advirtió en Mat.5:17-18). Al contrario, vino a enseñarla con correcciones a las interpretaciones hechas por la Tradición. Por lo que tener una fe sin cumplir mandamientos no sirve para nada, casi como no tener fe. Por eso el emisario nazareno explicó:


Stgo.2:14-17 ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? (15) Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, (16) y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? (17) Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. (BJ)


Y las obras son producto del cumplimiento de las ordenanzas del Altísimo. En el ejemplo del emisario, se viola el mandamiento del amor al prójimo como a uno mismo (Lev.19:18). Y las obras son el mejor recurso para iluminar a los demás, es decir, con el ejemplo. Por ello es tan importante aprender y poner en práctica lo aprendido, para que la fe sea completa, tal como lo explicó Shimón Kefa (Pedro):


2Ped.1:2-11 Que el favor y la paz se les multipliquen en el conocimiento de Elohim y de nuestro Maestro Yahoshúa. (3) Su divino poder nos ha concedido todas las cosas que atañen a la vida y a la piedad por medio del conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia. (4) Mediante ellas se nos han dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguen a ser ustedes participantes de la naturaleza divina, después de haber escapado de la corrupción que hay en el mundo debido a las bajas pasiones. (5) Por esta misma razón, pongan todo empeño en añadir a su fe, virtud; a la virtud, conocimiento; (6) al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia; a la perseverancia, devoción; (7) a la devoción, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. (8) Porque cuando estas cosas están en ustedes y abundan, no los dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Maestro Yahoshúa el Mesías. (9) Pues el que no tiene estas cosas es ciego y tiene la vista corta, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. (10) Por eso, hermanos, procuren aun con mayor empeño hacer firme su llamamiento y elección, porque haciendo estas cosas no tropezarán jamás. (11) Pues de esta manera se les otorgará amplia entrada en el reino eterno de nuestro Maestro y Salvador Yahoshúa el Mesías.


Las palabras subrayadas tienen el mismo pedido que las de el Todopoderoso al caudillo israelita "Josué". Hacer firme el llamamiento, porque somos llamados a ser hijos obedientes del Altísimo para no pecar. Cuando no conocíamos a nuestro Maestro Yahoshúa (o lo conocíamos erróneamente), andábamos continuamente pecando en desobediencia. Pero, cuando se conoce al verdadero Mesías, se conoce el verdadero camino de obediencia. Y si se dice que se transita por ese camino, debe haber obras o señales de ello como lo exigió Pedro. De lo contrario habrá una caminar equivocado, sólo una fe vacía o estéril o incorrecta.

Las Órdenes del Todopoderoso fueron dadas para liberarnos de los pecados, entendidos éstos como transgresiones a esas mismas órdenes. La fe en el Mesías nos da poder para poder cumplir con la exigencia justa de esas Órdenes, para no caer en la mera obediencia mecánica de las leyes, ni de las agregadas por la Tradición judía. La Palabra del Altísimo, a través de la revelación del Mesías, nos libera continuamente de la maldición del pecado a través de la obediencia. Las Órdenes nos permiten obtener sabiduría ("aceite de oliva") para "iluminar" nuestra alma (limpiarla de pecados). Pero es el Mesías quien nos permitirá que la luminaria sea constante, es decir, limpiar nuestra alma para siempre.


Gabriel.

domingo, febrero 15, 2015

Éxodo 25:1–8. Terumá (Ofrenda/Contribución). Elevación. Santuario.


Ex. 25:1-2 YaHWéH dijo a Moisés: (2) "Dile a los hijos de Israel que hagan una colecta para mí – acepta una contribución [terumá] de cualquiera que de todo corazón quiera dar. (TKIM)

Terumá  puede traducirse como ofrenda, regalo, contribución, donación, algo que es destinado a lo celestial, como en este caso, a la construcción del Santuario.  Su raíz rum da a entender elevación, una ofrenda elevada hacia el cielo, y por ello también una glorificación del Todopoderoso.

Muchos antepasados han ofrendado sus vidas con obediencia, para que sus almas fueran "elevadas" hacia la Presencia del Amo del Universo. Por ejemplo, Abraham, Yitzjak (Isaac), Yaakov (Jacob), Moisés, Yahoshúa (Josué), David, Salomón, los Profetas. Pero la mayor ofrenda es la de Yeshúa el Mesías de Israel, quien no sólo se ha ofrendido a sí mismo hasta su muerte por su pueblo, israelita de nacimiento, sino también por los gentiles de las naciones, para que pudieran ser partícipes del mismo pueblo, y obtener así los mismos beneficios. Y esto sin necesidad de conversión a ninguna religión, ni al judaísmo, ni ninguna otra.

El Mesías es el ejemplo de ofrenda a imitar, especialmente en cuanto a elevarse a partir del sacrificio humilde, como él lo ha enseñado:


Mat.20:27 Y el que quiera ser primero entre vosotros [o elevarse por encima de los demás, diferenciarse de lo que todo el mundo hace en general], será vuestro siervo, (28) así como el Hijo del Hombre [el Mesías] no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.


O sea, el Mesías ofrendó su vida en rescate de muchos, por ello está escrito de él como siervo sufriente:


Isaías 53:3 Fue despreciado, desechado por los hombres; varón de sufrimientos, familiarizado con la enfermedad. Como uno que esconde su rostro de nosotros, fue menospreciado, y lo estimamos como nada. 


No sólo eso ocurrió cuando se presentó el Mesías, Hijo Primogénito del Todopoderoso, despreciado por el pueblo judío, sino también luego de resucitado y ascendido al Cielo; y al menosprecio de los judíos se le sumó el de muchísimos gentiles, que tienen como nada esa ofrenda que el Mesías hizo.


Is. 53:4 Sin embargo eran nuestras enfermedades las que llevaba, nuestros sufrimientos los que soportó. Nosotros lo contamos como plagado, herido, afligido por Elohim [Todopoderoso]. (5) Pero él fue herido por nuestros pecados, molido por nuestras maldades. Llevó el castigo que nos restauró, y por sus heridas fuimos nosotros sanados. (6) Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual siguiendo su propio camino; y YaHWéH castigó sobre él la culpa de todos nosotros.

El Mesías, el escogido por el Todopoderoso, pagó con su muerte el precio de la suma de los pecados que requiere hacer justicia con la muerte. El Mesías sufrió inmensamente por culpa de los pecados cometidos por los israelitas, y también por los de los gentiles, tanto los cometidos en ignorancia de los mandamientos, como los que cometan tratando de rectificar la mala vida adquirida por costumbre. Y esta no es una "enseñanza propia de la religión cristiana", como muchos critican, sino de uno de los más grandes profetas, con Palabra directamente proveniente del Altísimo.


Is. 53:7 El fue maltratado, sin embargo fue sumiso, no abrió su boca; como un cordero llevado al matadero; como una oveja, muda delante de sus trasquiladores, él no abrió su boca. (8) Por medio de un juicio opresivo fue quitado, ¿quién puede describir su morada? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes por el pecado de mi pueblo, que merecía el castigo. (9) Se dispuso entre los impíos su sepultura, y con los ricos, en su muerte –aunque no había hecho ninguna injusticia ni había hablado falsedad.
 

Todo eso se cumplió al pie de la letra, por lo que no se puede inventar cualquier excusa para decir que el Mesías aún no ha venido. Yeshúa es el Mesías que ha sido sacrificado como el cordero de Pésaj ("Pascua") sin mancha ni pecado, cuya sangre permite, como la gran expiación en Egipto con la sangre en los dinteles de las puertas, que se continúe con vida a pesar de no merecerlo en general. Porque todos se han extraviado y son transgresores de la totalidad de los Mandamientos del Altísimo, por ello nadie puede alcanzar la Vida Eterna gracias a sus obras. Y, quien no tiene la fe en el Mesías, queda sujeto a la maldición que surge de violar algún Mandamiento de la Ley (Deut.27:26). El Mesías, con su ofrenda hasta la muerte, ha permitido liberar de la maldición que causa la desobediencia. Y esa es la fe legítima, la de aceptar al espíritu del Mesías siguiendo su ejemplo de siervo, ofrendando la vida para hacer la Voluntad del Todopoderoso. Entonces se alcanza la justificación por fe, no por obras legales. 


Is. 53:10 Pero YaHWéH escogió quebrantarlo con padecimiento, para que, si se puso como ofrenda por la culpa [asham], pudiera ver descendencia y tener una vida larga, y que por su medio prosperara el propósito de YaHWéH. (11) Desde su angustia lo verá; lo disfrutará a plenitud por su devoción. Mi siervo justo justifica a muchos, es el castigo de ellos el que él lleva; (12) Por tanto, yo le daré los muchos como su porción, recibirá las multitudes como su despojo. Porque él se expuso a la muerte y fue contado entre los pecadores, mientras que él llevaba el pecado de los muchos e hizo intercesión por los pecadores.


Aquí más claro no puede estar. El Mesías se entregó como ofrenda de culpa de los pecados de todos. Ahora bien, una de las culpas (asham), por la que debía sacrificarse un cordero sin defecto, era por la expropiación de un elemento del Santuario, como está escrito:

Lev. 5:14 YaHWéH le habló a Moisés, diciendo: (15) “Si alguien, inadvertidamente, comete una falta expropiando (para uso personal) algo que está consagrado a YaHWéH, que ofrezca como ofrenda Asham (por la culpa) un carnero sin defecto del rebaño, de un valor (mínimo) de dos shekel de plata — el shekel (es la unidad de moneda para todos los efectos) del Santuario, como ofrenda Asham; (16) y deberá restituir aquello que haya expropiado del Santuario, agregándole un quinto de su valor (como sanción). Que lo entregue al Sacerdote, quien le proveerá expiación con el carnero de la ofrenda Asham, y será perdonado. (a partir de Vers.Torat Emet)


Y en un comentario al pasaje citado, el rabino de la versión agrega: "Expropiación en hebreo es meilá, que significa “cambiar el status de una cosa”. En este caso: se cambia el status de ese objeto, de sagrado a profano."

Entonces, el Mesías fue alguien consagrado a YaHWéH; y, al tenerlo "como nada" o menospreciarlo como consagrado a (y por) YaHWéH, se cae en culpa por tal menosprecio, con el cual se llega a profanar la consagración y se peca contra el Todopoderoso y Su Voluntad. Por ello el Mesías ocupa también ese lugar del cordero sin defecto, para perdonar esa culpa también como Sumo Sacerdote que expió en una sola ofrenda. Esto es en general para el Pueblo de Israel que fue forzado con ceguera para negar a Yeshúa como Mesías, y aún lo está esperando. Pero cuidado, porque quien no ha nacido israelita y sí ha conocido a Yeshúa por revelación, como el verdadero Mesías de Israel, luego de purificar su entendimiento deformado en el cristianismo, no entra en este "forzamiento"; y a ellos les dice: "Y a cualquiera que me niegue delante de la gente, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en el cielo." (Mat.10:33). Negar delante del Padre Celestial quizás signifique no abogar por sus pecados, o sea, que su sacrificio no les expíe. Porque puede tener relación con estas otras palabras del Apóstol Pablo: 

Heb.10:26 Porque si continuamos pecando voluntariosamente, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado, (27) sino una horrenda expectativa de juicio y de fuego ardiente que ha de devorar a los adversarios. (28) Cualquiera que desecha la Torá de Moisés muere sin compasión por el testimonio de dos o tres testigos. (29) ¿Cuánto mayor castigo piensan que merecerá el que haya pisoteado al Hijo del Todopoderoso, y haya considerado de poca importancia la sangre del Pacto por la cual quedó santificado y haya insultado al Espíritu de Gracia?

Porque el espíritu del Mesías se hizo hombre en Yeshúa como portavoz perfecto de la Torá o Palabra del Todopoderoso. Nadie ha conocido ni transmitido la Palabra de YaHWéH como Yeshúa, ni habrá ningún otro que lo haga. Entonces, en vano se esperará, y grave será la consecuencia de dejarse guiar por las Tradiciones que niegan a Yeshúa como Mesías, en general queriendo agradar más a los hombres que al Amo del Universo.

Por lo tanto, el Mesías se ha ofrendado para levantar el Santuario del Todopoderoso en el Mundo. Gracias a él, los creyentes podemos confiar en las palabras de Pablo que dicen:

Ef. 2:20 Han sido edificados sobre el fundamento de los Emisarios [nazarenos] y de los Profetas, siendo Yeshúa el Mesías mismo la piedra angular. (21) En él, todo el edificio bien ensamblado, va creciendo hasta ser un Templo Santo en unión con YaHWéH. (22) En él, también a ustedes se los edifica juntamente para morada [Santuario] del Todopoderoso en el Espíritu.

Entonces, se cumple con lo que es el objetivo de la ofrenda: "Háganme un Santuario -y Yo habitaré en ellos." (Éx.25:8). El Mesías se ofrendó para que los creyentes pudieran levantar en su alma un Santuario, un lugar espiritual para que More el Todopoderoso con Su Espíritu de Santidad, de manera que sea como Guía con sus Instrucciones en el Camino de la Vida, que es el Modelo de servidumbre que enseñó el Mesías como la correcta manera de obedecer al Padre Celestial. Porque cuando murió Yeshúa, fue elevado en el madero de ejecución para luego ser exhaltado, y por ello está escrito:   


Salm.37:34 Espera en YaHWéH y sigue Su Camino, y Él Te pondrá en alto para que heredes la tierra; cuando los malvados sean eliminados, tú lo verás.

Así lo hizo el Mesías, y así debemos hacerlo nosotros siguiendo su ejemplo para "heredar la tierra", que simboliza alcanzar la Vida Eterna. Amén.



Gabriel.

Éxodo 25:1–2. Terumá (Ofrenda/Contribución).


Ex. 25:1-2 YaHWéH dijo a Moisés: (2) "Dile a los hijos de Israel que hagan una colecta para mí – acepta una contribución [terumá] de cualquiera que de todo corazón quiera dar. (TKIM)

Terumá  puede traducirse como ofrenda, regalo, donación, algo que es destinado a lo celestial, como en este caso, a la construcción del Santuario.  Su raíz rum da a entender elevación, una ofrenda elevada hacia el cielo, y por ello también una glorificación del Todopoderoso.  Pensado en profundidad, podemos interpretar esta ofrenda como nuestro vivir en este mundo.  Ofrendamos nuestra humanidad que es propiedad del Todopoderoso, ya que cuando Él lo dispone, nosotros partimos de esta vida.  Nuestra vida es un préstamo para que sea ofrendada en honor al Amo del Universo, para glorificarLe y así seamos bendecidos con sus dádivas. Definitivamente, el que entrega su vida en ofrenda al Cielo, sirviendo al Altísimo y compartiendo sus bienes adquiridos con los necesitados, siempre recibirá bendiciones y cumplirá sus anhelos.

La palabra terumá se relaciona (en cuanto a ofrenda) con las palabras minjá y olá, aunque esta última era la ofrenda quemada para expiación de pecados. Sin embargo, en la explicación profunda puede encontrarse la semejanza. Y está escrito:


Gén. 4:1 Adam conoció (cohabitó con) Javá, su mujer, que concibió y dio a luz a Kaín, significando: “Adquirí ( kaniti ) un varón junto con YaHWéH”. (2)  Volvió a dar a luz a su hermano Hével [soplo]. Hével fue pastor de ovejas, y Kaín fue labrador del suelo. (3) Al cabo de un tiempo, Kaín hizo del fruto de la tierra una ofrenda [ minjá ] para YaHWéH. (4) Y también Hével ofreció de las primeras y mejores crías de su rebaño. YaHWéH prestó atención a Hével y a su ofrenda, (5) pero a Kaín y a su ofrenda no prestó atención. Kaín se enojó mucho y se deprimió. (6) Dijo YaHWéH a Kaín: “¿Por qué estás furioso? ¿Por qué estás deprimido? (7) Si haces el bien serás enaltecido [ sheet : elevado]. Pero si no haces el bien, tu falta yacerá a la puerta para dominarte. Sin embargo tú puedes dominarla. (8) Kaín le dijo a su hermano: Vayamos al campo; y cuando estaban en el campo Kaín atacó a su hermano Hével y lo mató.


Tenemos la primera ofrenda de los hermanos Kaín y Hével (Abel) para honrar en agradecimiento al Altísimo por las bendiciones recibidas.  Kaín y Hével representan a dos clases de personas. Kaín proviene de kaná: que significa posesión, adquisición. Esta orientación alude a quienes viven dominados por lo material, por lo sensual o pasional, despojados de la solidez del crecimiento espiritual para honrar al Eterno con buenas acciones. Esta representación de Kaín se ve nuevamente en Esaú, hijo primogénito de Yitzjak [Isaac]. En cambio Hével, representa a la persona que “pastorea ovejas”. Las “ovejas” son las personas que buscan vivir de acuerdo a la edificación espiritual poniendo en práctica los mandamientos del Santo Bendito Es. Un “pastor” es quien se acerca siempre a las ovejas aprendiendo y enseñando a otros las instrucciones del Altísimo, sin importar el título o nivel que tenga. Todos podemos ser pastores u ovejas según las circunstancias. La representación de Hével se verá nuevamente en Yaakov (hermano de Esaú), así como también en David y luego Yeshúa el Mesías. Ellos mostraron el camino para hacer el bien según lo espera el Altísimo.

Cuando Kaín y Hével presentaron sus ofrendas, el Eterno prestó atención sólo a la ofrenda de Hével. Y esto produjo dos cosas en Kaín: enojo y depresión. Y el Eterno le advirtió que su depresión se debía a su mal actuar, pues su disposición por causa de su debilidad espiritual en cumplir con los mandamientos del Eterno (manifestada por la envidia), le produjo la falta del enojo. Todo enojo es pecado, y más aún cuando por el mismo se daña al prójimo, hecho que ocurrió con el asesinato de Hével. De manera que el Eterno le advirtió antes a Kaín:

“Si haces el bien serás enaltecido [sheet: elevado]. Pero si no haces el bien, tu falta yacerá a la puerta para dominarte. Sin embargo tú puedes dominarla.”

Hacer el bien que enseña el Santo Bendito Él, hace que uno sea “elevado/librado” del poder del pecado; es decir, enaltecido o distinguido del grupo común de la gente que vive como Kaín, o haciendo generalmente el mal o lo desagradable a los Ojos del Eterno. El camino de Kaín hace que uno quede esclavo de sus faltas. Esto es: la naturaleza humana que nace con inclinación a pecar, predomina en la existencia [yace siempre a la puerta para dominar) y hace tropezar casi siempre por la debilidad espiritual, no permitiendo que se tenga fortaleza para cumplir con lo mandado por el Eterno (hacer el bien). Por eso dijo David:


Salm.51:4 Límpiame completamente de mi iniquidad, y purifícame de mi falta. (5) Pues reconozco mis transgresiones y mi falta está frente a mí constantemente. (6) Sólo contra Ti he transgredido y he hecho el mal ante Tus ojos; [perdóname] a fin de que estés justificado en Tu sentencia y exento de culpa en Tu juicio. (7) Es que con (inclinación a la) iniquidad fui creado, y con (tendencia a la) transgresión fui concebido desde el vientre de mi madre.


¿Qué nos enseña David? Que hay dos maneras en que la falta o pecado puede estar ante nosotros (yacer a la puerta): 1) A la manera de Kaín, pujando para dominar la débil naturaleza humana, y así hacerla tropezar con éxito casi siempre. 2) A la manera de David, contemplando siempre la falta con arrepentimiento y prudencia para no volver a cometerla.

Según la última manera: “tú puedes dominarla.”, dice el Eterno. ¿Pero cómo, con nuestras propias fuerzas? No, sino con la voluntad inicial y sincera de querer dominar tales faltas. Para ello hay que fortalecerse espiritualmente con el estudio de las Instrucciones del Altísimo, y con la incesante plegaria de cada día pidiendo ayuda al Eterno. Y éste es el camino de Hével; el de Avraham; el de Yitzjak; el de Yaakov; el de Israel; el de David; y el del Mesías. Con adquisición de sabiduría celestial y permanente plegaria se podrá dominar la debilidad carnal y fortalecer la vida espiritual. Esto es seguir el camino de Hével y no el de Kaín.

Y esa “elevación” haciendo el bien es la ofrenda de la que habla esta porción de la Torá: la ofrenda Terumá. Como dijimos antes, debemos ofrendar lo mejor de nuestras vidas. Esto es: ofrendar nuestras mayores energías para aprender lo que enseña el Todopoderoso en cuanto a cómo hacer el bien (más aún al prójimo), y ponerlo en práctica. Esa ofrenda hará que seamos elevados o distinguidos como hacedores de bien (obedeciendo al Eterno), y eso es parte de la santificación (y también de la Teshuvá: arrepentimiento), o apartamiento del común de la gente que prefiere la vida de Kaín (o Esaú), igualmente aunque no se transformen en asesinos. Y ese camino de obediencia traerá bendición, lo cual se transformará en regocijo evitando la peligrosa depresión. Pues en ese camino, cuando la voluntad es como la de David, todo se transforma para bien, y la fe se fortalece con un espíritu siempre dispuesto a aprender de todas las fallas, y a arrepentirse contínuamente. Los pecados estarán ante nosotros para hacernos mejorar en liberación (como salir de Egipto), no para dominarnos en contínua transgresión (esclavos en Egipto y del Faraón).

Por lo tanto, cuando ofrendamos “terumá” en nuestra vida, lo hacemos para construir un “Santuario”. Ese “Santuario” se construye en nuestra alma para que more el Altísimo a través de Su Espíritu de Santidad, por medio del cual obtenemos fuerza para cumplir con Sus Mandamientos. Por ello también decía David:


Salm.51:12 ¡Crea en mí un corazón puro [que controle la tendencia a pecar], Elohim, y renueva un espíritu firme [con obediencia y temor a Ti] dentro de mí! (13) ¡No me expulses de Tu Presencia, y no apartes de mí Tu Espíritu de Santidad!


David tenía presente que no debía dejar de ofrendar lo mejor de su vida para honrar al Todopoderoso, con el fin de que en la construcción del “Santuario” en su alma permaneciera la Presencia del Altísimo a través de Su Espíritu de Santidad. Presencia necesaria para que dicho “Santuario” no se profane con las malas acciones, con la posibilidad también de profanar el Nombre Sagrado ante las naciones gentiles que necesitan aprender a rectificar sus vidas con las enseñanzas celestiales del Eterno. Y David mostraba el gran camino de la Tefilá, la Plegaria constante y autocrítica autojuzgante en arrepentimiento sincero con disposición total a la rectificación, sobre la base del aprendizaje de los Mandamientos del Eterno.

Luego, llegará Yeshúa el Mesías para perfeccionar ese “Santuario”. De ninguna manera aconsejando que se desobedezcan los Mandamientos del Todopoderoso (Mat.5:17-18); sino, al contrario, que se obedezcan incondicionalmente, pero evitando caer en el daño que pueden causar las “tradiciones” de hombres. Y también hizo incapié en la constante plegaria, así como también en no olvidarse de cumplir con lo más importante que enseñan los Mandamientos del Altísimo (Mat.23:23), lo cual lleva al verdadero amor al prójimo.  Y esto importante está también pedido por medio de un profeta.


Mijah.[Miqueas] 6:6 ¿Con qué me acercaré a YaHWéH, y rendiré homenaje a Elohim en las alturas? ¿Me le acercaré con ofrendas quemadas, con becerros de un año? (7) ¿Se agradará YaHWéH con millares de carneros, con miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi transgresión, el fruto de mi cuerpo por mis pecados? (8) Él te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno, y lo que requiere YaHWéH de ti: Solamente que hagas justicia [obres con rectitud enseñada por Él]; y que ames la bondad [el amor y compasión con perdón]; y que camines humildemente con tu Elohim [sin arrogancia de sabiduría humana o altanería, con jactancia vana].”.


Esas cosas importantes se logran con la principal ofrenda “terumá” en la vida, para construir y mantener levantado el “Santurio” en el alma, para así poder andar humildemente con el Altísimo.

Ya lo ha enseñado el Sabio Shaúl de Tarso: lo terrenal es un sombra de lo celestial, y en la mayor vida (ofrendada) en lo espiritual están los verdaderos y eficaces buenos frutos y bendiciones.


Hos.[Oseas] 6:6 Porque Yo deseo jesed [amor, compasión, bondad], no sacrificio [material]; daat [conocimiento en obediencia práctica] a Elohim, más que ofrendas quemadas [con corazón impuro por malas acciones].


Salm.51:16 Porque Tú no quieres sacrificio; si no yo te lo daría; pero no te complaces en ofrendas quemadas. (17) El verdadero sacrificio para Elohim es un espíritu quebrantado [en sincero arrepentimiento]; Tú no desprecias, oh Elohim, un corazón abatido y humillado.


Amor, compasión, bondad, humildad, altruismo, solidaridad, paciencia, prudencia, perseverancia, esperanza, confianza, obediencia, fe firme, son cualidades necesarias para elevar una verdadera ofrenda “terumá” hacia el Altísimo; para que, mediante ella, se obtenga la legítima sabiduría celestial, junto a la fortaleza que se recibirá de la Presencia del Espíritu de Santidad gracias a la plegaria, Presencia que habitará en nuestra alma como en un Santuario.


Gabriel.

miércoles, febrero 11, 2015

Éxodo 23:4-5. Enemigos.


Éx.23:4 Si encuentras el buey o asno de tu enemigo extraviado, lo devolverás a él. (5) Si ves el asno que pertenece a tu enemigo caído debajo de su carga, no pasarás de largo, sino que irás a ayudarle a librarlo. (TKIM)


A muchos quizás les sorprenderá saber que en este pasaje ya se ordenaba el "amor a los enemigos",  como había enseñado Yeshúa (Yahoshúa o "Jesús") el Mesías, cuando dijo:


Mat.5:43 Ustedes oyeron que se dijo [por los antepasados]: Amarás a tu prójimo [Lev.19:18] y odiarás a tu enemigo. (44) Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por los que los persiguen; (45) para que sean hijos de su Padre que está en el cielo; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. (46) Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? (47) Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen demás? ¿No hacen eso mismo los gentiles? (48) Así que sean ustedes cabales [o íntegros], como su Padre celestial es cabal [íntegro].


En otras palabras, recordó el Santo Maestro el siguiente mandamiento de la Ley/Torá: "Ustedes será santos para Mí, porque Yo YaHWéH Soy Santo, y Yo los he separado a ustedes de otros pueblos para que sean Míos (Lev.20:26).". Por tal motivo, si alguien quiere estar dentro de Su Pueblo, como hijo del Altísimo, tiene que diferenciarse del resto de los pueblos que no viven de acuerdo a la Palabra del Todopoderoso, ni les interesa estar entre sus hijos. Por ello el Mesías hace dos comparaciones, con "publicanos" y con "gentiles". Los primeros, los cobradores de impuestos, aman condicionalmente, sólo a los que les aman. Los gentiles aman sin respetar los mandamientos del Altísimo, por lo que el amor se rige en general por parámetros egoístas, ególatras, interesados, y se desvía del verdadero amor que enseña el Santo Bendito Él.

Ahora bien, en la Torá no se ordena "odiar a un enemigo" dentro del Pueblo, sino que esa idea pudo haberse mal interpretado con el tiempo a partir de las órdenes dadas a Israel para echar de la Tierra Prometida a las naciones enemigas. Por ello dice Lev 19:18 "No tomes venganza ni cargues rencor contra ninguno de tu pueblo; más bien, ama a tu prójimo como a ti mismo; Yo Soy YaHWéH.". Está claro que este mandamiento es coherente con el de Éx.23:4-5, y con la enseñanza de Yeshúa.

Ahora, los que se consideran parte de Israel e hijos del Altísimo, viviendo según Sus Mandamientos, tampoco deben considerar "enemigos" a nadie que no sea de Su Pueblo. En este sentido, Yeshúa lleva el amor al perfeccionamiento, recordando el mandamiento: "Amaréis pues al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. (Deut.10:19)". A veces uno, por grandes injusticias que sufre, puede sentir que un jefe o compañero de trabajo, o un pariente, o un amigo, o cualquier persona se transforma en algo así como un "enemigo". Entonces, se deben recordar las palabras del Mesías para amarlos, soportando las injusticias, porque dijo: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados." (Mat.5:6). Y el amor se demuestra siguiendo sus otros consejos, como por ejemplo, no mal interpretando otro mandamiento que se estudia esta semana:


Mat.5:38 “Ustedes oyeron que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente” [Ex.21:24]. (39) Pero yo les digo: No le hagan resistencia al malo; al contrario, a cualquiera que te golpee en la mejilla derecha, preséntale también la otra. (40) Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto. (41) A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. (42) Al que te pida, dale; y al que quiera pedirte prestado, no se lo niegues.


¿Acaso enseñar a poner la otra mejilla, soportando una injusticia, es algo nuevo del Mesías? Quien así lo crea, es porque no ha leído toda la Escritura. Pues, ya en Lamentaciones, el Amo del Universo exigió:



Lam. 3:25 YaHWéH es bueno para los que en Él esperan, para el ser que lo busca. (26) Es bueno esperar en silencio la salvación de YaHWéH. (27) Es bueno para el hombre llevar el yugo en su juventud. (28) Que se siente solo y calle, porque Él se lo ha impuesto. (29) Que ponga su boca en el polvo, pues quizás haya esperanza. (30) Que le ponga la mejilla al que lo golpea; que se harte de insultos.

Por lo tanto, hay que estudiar mucho las Escrituras completas. Y estudiar sin prejuicios y analizando las creencias adquiridas anteriormente. Porque siempre pueden enseñarnos mal si creemos cualquier cosa de manera ciega, sobre todo de gente que está alejada de la sabiduría hebrea, la cual poseyó siempre el Pueblo de Israel, más allá de sus desviaciones y desobediencias.

Yeshúa el Mesías enseñó el perfeccionamiento de la fe hebrea, siempre a partir de los Mandamientos entregados por el Todopoderoso. Jamás los anuló (como afirma en Mat.5:17-19), sino que aconsejó la correcta aplicación de los mismos, y el gran beneficio que habrá al obedecerlos y enseñarlos a otros.  Y en otro de los discípulos, también el Mesías muestra el camino para hacer correctamente la Voluntad del Altísimo, con respecto a cómo imitarLe:


Luc. 6:35 Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos y hagan el bien y presten sin esperar ningún provecho. Entonces su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo; porque él es bondadoso para con los ingratos y los perversos. (36) Sean compasivos, como también su Padre es compasivo. (37) No juzguen, y no los juzgarán a ustedes. No condenen, y no los condenarán a ustedes. Perdonen, y se les perdonará.".


Muchas veces nos hemos transformado en "enemigos" del Creador del Mundo, sin embargo Él nos amó, perdonándonos un sinnúmero de veces; bendiciéndonos cuando no lo merecíamos; ayudándonos a pesar de haber sido desobedientes; mostrándonos cómo debíamos imitarLe para amar correctamente a los demás, incluso a los enemigos.


Gabriel.

martes, febrero 10, 2015

Éxodo 21:1. Ordenanzas, juicios.




Ex.21:1 "Y éstas son las ordenanzas (mishpatim o decretos) que colocarás ante ellos…"




Mishpatim proviene de la raíz hebrea shafát, que significa juzgar. Las ordenanzas que se enuncian en los siguientes capítulos fueron dadas por el Todopoderoso para los jueces, con el fin de mantener al pueblo dentro de la legalidad de la Palabra del Altísimo, para que así todos pudieran relacionarse en paz y con respeto mutuo.

Ahora bien, en profundidad, el Amo del Universo está dando una enseñanza para todo el Mundo. La palabra mishpat (singular de mishpatim), puede entenderse también como juicio. El hombre fue creado con la capacidad de juzgar, antes de actuar, si lo que hará puede ser beneficioso para uno mismo o para otro; si será dañino para uno mismo o para otro; o si será neutro, ni bueno ni malo. Pero a esa capacidad hay que ponerla en acción, porque de lo contrario uno actuará como los animales, sin usar su capacidad racional que el Creador le proveyó. Y esa manera de manejarse en la vida acarrea muchos problemas y sufrimientos.

Para ejercitar el juicio prudente antes de actuar, es necesario aprender la manera correcta en que hay que actuar. Y por ello dijo el Santo Bendito Sea: "éstas son las ordenanzas", que en realidad aluden a todos los Mandamientos que Él ha enunciado en las Escrituras. Cuando uno los aprende y se familiariza con ellos, entonces estará preparado para saber cómo actuar ante situaciones apremiantes, en las que en general muchos tropiezan por ignorar cómo actuar correctamente.

Pero, en el ejercicio del juicio prudente, no alcanza sólo con saber cómo se debe actuar. También hay que tener la fortaleza para no escoger la manera errónea, que muchas veces uno elige vencido por la pasión humana. La Mala Inclinación natural hace fuerza para que escojamos el camino incorrecto al actuar. Y para estar fuertes espiritualmente, para poder elegir bien, es necesario orar regularmente al Todopoderoso, pidiéndole ayuda y fuerza para los momentos en que sean necesarios obrar de acuerdo a Su Voluntad.

Cuando uno se ejercita de esta manera, entonces puede transformar ese juicio en una sentencia justa, es decir, aceptable para el Altísimo. Y a la vez, será beneficiosa tanto para uno mismo como para el prójimo, siempre que no sea neutra.

Las ordenanzas son límites, son reglas para respetar al prójimo. Pero también son límites para nuestro sentidos, así también como para nuestros pensamientos. Por eso dijo Él: "colocarás ante ellos". Cuando uno elige en su vida educar sus sentidos y pensamientos de acuerdo a las reglas del Altísimo, seguramente podrá caminar con pasos iluminados, es decir, sin riesgo de tropezar en la oscuridad de la ignorancia o la debilidad. Y, si hubiere algún tropiezo, podrá rectificar su actuar cuando tenga una nueva oportunidad, y así podrá fortalecer su vida espiritual.  Las reglas proveen armonía, un orden necesario para que la paz sea posible, única manera para que se pueda desarrollar el amor sobre la base del respeto al prójimo. Y antes de juzgar a otra persona, uno debe juzgarse a sí mismo. Si uno quiere que los demás cambien, tiene que empezar a cambiar uno mismo (en acciones, no sólo teoría), por el Camino que el Todopoderoso muestra.


Gabriel.

Éxodo 23:8


Ex.23:8 No recibirás soborno; porque el soborno ciega la vista y pervierte la causa del justo.



¿Cuándo recibimos soborno? Cuando sufrimos embates de la Mala Inclinación (Yetzer Hara). Nacemos con la inclinación natural a desobedecer las ordenanzas o decretos (mishpatim) del Todopoderoso. Por eso dijo David, luego de haber pecado en adulterio con Batshevá y pidiéndole perdón al Supremo:
 


Salm.51:7 Es que con (inclinación carnal a la) iniquidad (a buscar lo malo que prohíbe el Supremo) fui creado; y (con tendencia natural a ser) pecador (transgredir mandamientos del Altísimo) fui concebido por mi madre.
 


Cuando nos descuidamos, es decir, cuando rechazamos u olvidamos alimentar nuestra alma espiritualmente con conocimientos que emanan de la Sabiduría del Santo Bendito Él, dejamos que la Mala Inclinación gobierne nuestra vida. Eso significa vivir carnalmente, "matándose" uno por satisfacer los deseos pasionales. Pero no sólo eso. Cuando uno es dominado por la Mala Inclinación, no puede cumplir con el correcto amor al prójimo, ya que uno es propenso fácilmente a la ira o a dejar que la lengua hable libremente dañando al prójimo. Y tampoco se ama correctamente porque la Mala Inclinación domina, ahogando en el egoísmo o en la avaricia. 

La mala inclinación soborna a la mente, ofreciéndole que satisfacer los malos deseos carnales no causará ningún daño, y es exagerado pensar en un castigo celestial. Ese poder utiliza la debilidad espiritual (falta de mente firme en el conocimiento celestial con respeto al Amo del Universo) para engañar con el fin de que se transgreda en secreto, y convence de que aprender sobre las Enseñanzas del Supremo (Mishpatim) es una pérdida de tiempo y de disfrute de la vida.  Ese poder envenena al ego propio para que sólo haga lo que éste quiere, a pesar de los perjuicios que le acarree; y lo convence también de luchar con sus propias fuerzas sin plegarias.

Ese poder que está con nosotros desde que nacemos y debemos enfrentar no se puede vencer con las propias fuerzas o inteligencia humana. Es por eso que debemos rechazar el soborno del mismo. De lo contrario, cegará nuestra vista. La vista es la capacidad de ver o comprender que sólo gracias al Poder del Altísimo podemos vencer o controlar esa Mala Inclinación. Y al comprender, se puede recibir sabiduría celestial para fortalecer nuestra alma espiritualmente, y así se puede vencer a ese poder.

Pero, para rechazar el soborno, se necesita abrir los ojos y darse cuenta que uno está viviendo ciego en cuanto a sabiduría celestial. La ignorancia es consecuencia del triunfo de la Mala Inclinación. Por lo tanto, se deben abrir los ojos (despertar del sueño dominante de la falta de conocimientos verdaderos) para rechazar el soborno y adquirir sana vista (sabiduría) a través de la prudencia. Y ser prudentes significa entregarnos por completo a la plegaria para reconocer que somos pecadores y necesitamos de la Ayuda del Altísimo para corregirnos.

Sólo de esa manera podemos obtener la victoria sobre el poder de la Mala Inclinación para no pervertir la causa del justo; es decir, para no vivir cometiendo injusticias, como las que se enumeran en el estudio de esta porción de la Torá y la anterior. Sólo con Sabiduría Celestial podemos realmente ver y aprehender las maravillas que provee la Palabra (Torá) del Amo del Universo, para transformar nuestra vida con la rectificación de nuestra alma.

Gabriel.

Éxodo 22:1


Ex.22:1 Si alguien roba un buey (shor) o una oveja (seh) y lo mate o venda, pagará cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja.



Esta es la ley referente al robo de estos animales.  Pero si hacemos un profundo análisis de las palabras buey (shor) y oveja (seh), especialmente en hebreo, podemos extraer la siguiente enseñanza.

Todo ser humano nace con un gran regalo: la capacidad de ser una oveja. La oveja es el símbolo representativo de ser parte del Pueblo de Israel como fiel al Todopoderoso, sea nacido israelita o no. Sin embargo, para que uno durante su vida llegue a ser una oveja del Santo Bendito Él, deberá aprovechar otro regalo: la capacidad de trabajar con su alma como lo hace un buey con la tierra.

Pero, ¿qué sucede generalmente? Se elige en la vida "robar" esas capacidades para desperdiciarlas y alejarse de servir al Supremo, amando más lo mundano y superficial, despreciando los beneficios que trae ser una oveja, y soportando con necedad los perjuicios. Y también suele robarse las capacidades ajenas, no permitiendo que las mismas se acerquen al Supremo. En cierto sentido, el "robo" se produce con Adam y con la primera desobediencia a la Palabra del Eterno. Y el castigo fue recibir con el nacimiento la inclinación natural a "robar" esos regalos y a hacer en la vida sólo lo que el ego propio quiere.

Por lo tanto, esta ordenanza nos dice que debemos devolver lo robado al Eterno, ya sea desperdiciando esos regalos o evitando que otros lo aprovechen. Y más debe devolverse por un buey que por una oveja. ¿Qué significaría esa diferencia? 

El buey fue creado para ayudar a labrar la tierra arándola, para luego poder cultivarla, es decir, sembrar semillas para obtener el fruto que provee el Altísimo. Los Sabios nos han enseñado que la palabra hebrea que se traduce como tierra (eretz), deriva de la palabra que significa voluntad (ratzon). Por lo tanto, cuando uno se aleja del Altísimo ("robando" las capacidades regaladas por Él), debe enfocarse más en rectificar su vida trabajando su voluntad para que logre servir al Supremo. Trabajar la voluntad significa estudiar las Ordenanzas o Decretos (Mishpatim) del Altísimo para poder juzgar con juicio justo (tomar la decisión correcta) al momento de encontrarse en una disyuntiva para actuar.  Es por esa razón que se debe devolver más por el buey; y para llegar a clamar en la plegaria como David:


Salm.40:8 Hacer Tu Voluntad, mi Elohim (Dios), es mi deseo: Tu Torá (Ley/Instrucción) está en mi interior.

Salm.119:176 He andado errante como oveja perdida; busca a tu servidor, porque no he olvidado Tus Mandamientos.



Y también se debe devolver las ovejas. Pues al cumplir con la devolunción de los bueyes, aprovechando la capacidad regalada, entonces uno se transforma en oveja del Altísimo. ¿Y por qué cuatro?

Sin necesidad de entrar en términos kabalísticos o en misticismo, diré que la letra hebrea que designa el número 4 es la Dalet ( ד ). Y con dálet comienzan las palabras hebreas Daát, que significa "conocimiento"; Dérej, que es "camino", "dirección" o "rumbo"; Dabár, que es "palabra"; Damá, que es "llorar"; Din, que es juicio.

Por lo tanto, para llegar a ser una una buena oveja del Eterno, hay que escoger en la vida el Camino que muestra la Palabra del Santo Bendito Sea en dirección hacia el Conocimiento (aprender de Su Sabiduría); pero también soportando los Juicios Celestiales (Sus Reprensiones) con arrepentimiento sincero de pecados (con lloro genuino) a través de las plegarias. Y el cuatro también simbolizaría tener siempre presente las Enseñanzas del Altísimo en todas las decisiones de la vida: "en las cuatro direcciones cardinales".

El Amo del Universo es el Dueño y Pastor de esas ovejas, y las Pastorea con Su Palabra (Su Torá). Pero también tiene pastores enviados por Él para que las guíe por los "campos" de la vida, alimentándolas y guiándolas lejos de los peligros. Estos pastores fueron los Patriarcas, Moisés, los reyes, los jueces, los Profetas y el Mesías Yeshúa, de quien se habla en las profecías como el principal pastor enviado para que las ovejas logren vivir en el Mundo Venidero oyendo su voz (sus consejos), que es la mejor manera de oír y aplicar aquella Voz que es la Palabra Celestial del Todopoderoso.



Gabriel.

jueves, febrero 05, 2015

Éxodo 20:22


Ex.20:22 YaHWéH le dijo a Moisés: "Así les dirás a los israelitas: Ustedes mismos vieron que Les hablé desde el cielo: (23) Por lo tanto, como a Mí no adorarán deidades de plata ni de oro."

Uno de los principales de los Diez Mandamientos es no hacer idolatría. El Todopoderoso no necesita esculturas ni imágenes para que uno se comunique con Él. Él nos habla desde Cielo, y es una manera de decir. Pues Él cubre todo el Universo con Su Espíritu y sabe perfectamente lo que pensamos, como dijo David:

 

Salm.139:2 Tú me conoces al sentarme y al levantarme, conoces mis pensamientos desde lejos (antes de que yo los conciba). (4) Cuando aún no está la palabra en mi lengua, resulta que Tú, YHWH, ya la conoces toda.

 

¿Para qué necesitamos una escultura o imagen, sabiendo del Poder inigualable del Altísimo, para comunicarnos con Él? Sólo debemos hablarLe y Él nos oirá. Para eso es la plegaria o la conversación privada con Él. Y el Supremo aborrece que se adore a cualquier cosa o persona y no directamente a Él. Pues esa era una práctica de las naciones idólatras, y el Amo del Universo escogió como Sus fieles a quienes sólo Le adoren directamente a Él.

 

La palabra hebrea que se traduce como plata es késef, y también podría significar dinero. Su raíz, kasáf, puede significar anhelo o deseo. Y sabemos que el dinero puede transformarse en una "deidad" para muchos que no tienen la correcta fe. El dinero puede esclavizar almas, y de hecho, muchos pierden sus vidas por depender mundanamente de él. El dinero sólo debe ser una ayuda para el servicio al Supremo, sobre todo al momento de dar caridad. También kasáf puede aplicarse como palidecer. Cuando el dinero o los bienes materiales esclavizan a una persona, su espíritu palidece en su cuerpo, y se cae en una vida exclusivamente carnal, con la consecuencia inevitable de la degradación de la fe.

 

Otra deidad que se prohibe (pero como ejemplo, vale aclarar, porque están prohibidas de cualquier material) es de oro, en hebreo zaháv. En este caso apuntaría a todo aquello que "reluciría como oro", es decir, que se distingue del entorno como algo valioso. Y el Supremo prohibiría, con este material, dejarse ministrar por personas que se vanaglorían de su posición dentro de un grupo. Y se puede idolatrar personas con sólo hacerse fanáticos de ellas o dejarse guiar ciegamente por ellas. Y en todas las religiones existe este pecado. Cuando se tropieza con lo que sería una "deidad de oro", se cae en la "cárcel" del dogmatismo y de las tradicciones que van en contra de la Voluntad del Altísimo. Y uno puede llegar hasta perder la fe por adorar esas "deidades", que no tienen ningún poder. Las personas servidoras del Supremo que más valen, y en las que se puede confiar, son las humildes (que no relucen mundanamente, sino en espíritu ante Él), las que viven glorificando al Eterno y entregándose como canales de transmisión de Su Sabiduría para ayudar a iluminar al Mundo.

 

En otro sentido, tener deidades de plata y oro sería desear ciegamente satisfacer los instintos carnales, buscando el gozo de lo que en principio se presenta como brillante o beneficioso, pero que luego termina palideciendo el alma por el descuido del bienestar espiritual que sólo la Voz del Santo Bendito Él puede proveer.

 

Gabriel.

Mandamientos.


En conclusión, podemos decir que los llamados “Diez Mandamientos”, en los cuales los Sabios dicen que se resume toda la Torá, así como los demás Mandamientos, están orientados al respeto al Todopoderoso y al prójimo. Y todos se resumen en el verdadero amor.

Otro gran Sabio lo ha dicho en pocas palabras:


 "Lo que es despreciable para ti, no se lo hagas a tu prójimo. Esto es el toda la Torá, y el resto es explicación, ve y aprende esto". (Hillel, el “Anciano”, Talmud, Shabbat 31a)

 
Y un siglo después de haber vivido ese Sabio, llegó nuestro gran Maestro, Yeshúa el Mesías, parafraseando esta gran enseñanza, y diciendo:

 
“De modo que, todo lo que quieran que los hombres hagan por ustedes, así también hagan por ellos, pues en esto consiste la Torá y los Profetas.” (Mat.7:12)


Bendiciones!

Gabriel.

Éxodo 20:14


Ex.20:14 No codicies la casa de tu prójimo, no codicies la mujer de tu prójimo, ni su sirviente, ni su sirvienta, ni su toro, ni su asno, ni nada que le pertenezca.

 
La codicia es causada generalmente por la envidia, y ésta es producto de un debilitamiento en la fe. Está reflejado por David:

 
Salm.37:1 No te enojes por causa de los malvados, ni tengas envidia de los que hacen el mal; (2) pues como pasto serán pronto cortados, como la hierba verde se secarán. (3) Confía en YaHWéH y haz el bien. Y así habitarás en la tierra y te nutrirás de fe [legítima]; (4) Hallarás deleite confiando en YaHWéH. Él te concederá las deseos de tu corazón. (5) Encomienda a YaHWéH tu camino, confía en Él, y Él hará [lo conveniente].


Quien nos explica bien sobre este tema es el Rabino Shalom Arush, en su gran obra "En el Jardín de la Fe":



 «¡Vive según tu finalidad!

Toda la envidia que el hombre experimenta en este mundo, debe estimularlo a comprender qué alejado está de su auténtica finalidad. Si se examinara, vería que todas sus aspiraciones conciernen a lo mundano, arrastrándolo a querer siempre más, y envidiar lo que pertenece a su prójimo. El éxito de otro le hace daño en el corazón. Envidia el coche de su vecino, su apartamento, su dinero, su inteligencia, etc. Una mujer está celosa de la belleza de otra, de sus vestidos, etc. La causa de todo eso es la falta de fe. Quien posee la fe es feliz con lo que tiene en la vida, jamás envidia lo que pertenece a otro y nunca se entristece por sus faltas, pues sabe que cada uno tiene su propia misión y su propia prueba.

Tomemos  por  ejemplo  a  una  persona  que  tiene  una incapacidad física, también debe creer que este es su estado de perfección, es decir que el Creador considera que solamente así podrá llegar a su corrección espiritual.

Este hombre, si posee fe, considerará siempre su finalidad, y así su situación no le molestará, apenará o debilitará su seguridad en sí mismo. Él tampoco envidiará a aquellos sanos de cuerpo. Él merecerá alcanzar altos niveles con todas sus limitaciones, y verá con sus propios ojos cómo ellas fueron un factor esencial en su éxito.

Otro ejemplo: un hombre cuya prueba es la fealdad, debe creer que esa misma es su perfección, pues el Creador ha visto que no podría alcanzar de otro modo su corrección y perfección en este mundo. Podremos entender eso mediante una historia que aconteció unos 2000 años atrás – la historia del gran Sabio y la hija del César:

Hace mucho tiempo, existió un gran Sabio llamado Josué, que era una de las personalidades más grandes y sabias de su generación, pero era muy feo.

Cierta vez paso junto a él la hija del Emperador, y al verlo, se acercó y le preguntó despreciativamente: “¿Cómo puede tal magnífica sabiduría residir en un recipiente tan feo?”, pues no podía comprender tal contradicción.

Sonrió el Sabio y luego le preguntó: “Dime por favor, ¿cómo tu padre, el gran César, almacena sus mejores vinos?”. “Qué pregunta tan rara, ¡en tinajas de terracota, por supuesto!”, contestó ella. El Sabio le dijo asombrado: “¿Pero cómo?... ¿No es ridículo que el Emperador Romano, el hombre más rico del mundo, almacene su vino en simples recipientes de barro?
¡Dile a tu padre que ponga su vino en honorables recipientes de oro, como es adecuado!”.

La hija del César estuvo de acuerdo, y ordenó transferir el mejor vino de su padre a tinajas del oro más puro.

Después de un tiempo, el César pidió un vaso de su vino favorito. El vino estaba completamente ácido. El César convocó a su maestro real de vino y exigió una explicación. “¡Su Majestad”, contestó apabullado el maestro de vino, “la princesa ordenó que transfiriera todo su mejor vino a tinajas de oro!”.

El César llamó a su hija y exigió una explicación.

¡”No es mi culpa, padre!”, lloró, “¡Josué el Sabio me dijo que lo haga!”.

Las  guardias  del  Emperador  aprendieron  al Sabio y lo trajeron al tribunal real. Serenamente, el gran Sabio le contó al César lo que le dijo su hija y añadió: “Su Majestad, le respondí a su hija según su propio punto de vista. A ella no le gustan los envases feos, pero así como el vino se conserva sólo en un feo recipiente de barro, y se deteriora cuando se lo coloca en un lujoso recipiente de oro, así también la sabiduría reside en mí por mérito de mi fealdad. Si yo fuera hermoso ella no podría existir en mí, pues me enorgullecería y la olvidaría”.

A la luz de esta historia aprendemos que el “defecto” de Josué, el gran Sabio, era necesario para que pudiera alcanzar su perfección. Puesto que él poseía la fe, sabía que no había ningún error en la Supervisión Divina, y que sólo a través de su fealdad podría alcanzar su finalidad y corrección. Por lo tanto, su apariencia antiestética no le molestaba para cumplir su misión con alegría y determinación, y mereció en efecto ser un gran personaje en su tiempo.

Si Josué el Sabio no hubiera poseído la fe y hubiera estado celoso de la gente hermosa, gastando su tiempo en la búsqueda de la perfección física, se hubiera transformado en un amargado y frustrado individuo, perdiendo así la oportunidad de perfeccionar su alma, por algo secundario e insignificante.

El hombre que cree que todo está bajo la Supervisión Divina para su propio bien, por supuesto no siente celos de su prójimo, ni codicia su riqueza...

Ésta es la regla – sobre cada uno de nosotros hay una Divina Supervisión que define las condiciones apropiadas para nuestra corrección. Hay una persona que debe ser alta y otra que debe ser baja; una debe ser delgada, y otra obesa; una debe ser rica y otra pobre; una fuerte y otra débil; una diligente y otra lenta. Y así con todos los distintos rasgos humanos; todo depende según el individuo y su reparación espiritual. Quien posee la fe, acepta su condición con alegría, no envidia a nadie, y se ocupa de su trabajo específico, con los instrumentos que le fueron dados.

Un hombre que experimenta los celos y la codicia, debe pedir al Creador la fe y la ayuda para acordarse siempre del Mundo Venidero, y de su objetivo. Él debe afrontar la prueba decretada por el Cielo, regocijarse con lo suyo, y concentrarse en su propio trabajo sin mirar a los demás.»