lunes, julio 21, 2014

Parasha 43 Masei 5772 Núm.33:1-36:13

Bendiciones a todos amigos.  Esta semana terminamos de estudiar el Libro cuarto de la Torá, llamado Bamidbar (En el Desierto), conocido como “Números”.  Lo hacemos con la Parasha (porción de la Torá) llamadas Masei, que significa: Viajes.




Núm.33:1 Éstos son los viajes de los israelitas (por el desierto), que salieron de Egipto formados en escuadrones, bajo la dirección de Moshé y Aharón.



La Torat Emet (Ed.Keter Torá, Bs.As., trad. Rab. Reuben Segal) nos enseña:

«Viajes alude a las diferentes etapas de la travesía hacia la Tierra Prometida. En sentido metafórico, alude a las diferentes etapa de nuestro viaje por la vida. Y también alude a los viajes que elevan a la persona a través de la observancia de la Torá y los Mandamientos.»



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"Estos son los viajes de los israelitas, que salieron de la tierra de Egipto... guiados por la mano de Moshé y Aharón" (Bamidbar 33:1)

Nada que haya sido creado por mano del hombre puede durar eternamente.

Las estatuas se derrumban; la poesía se olvida. No hay nada que dure por siempre. Por ese motivo, la redención de Egipto no fue algo definitivo, pues llegó "por la mano de Moshé y Aharón", y, a pesar de su elevadísimo nivel espiritual, no eran más que seres de carne y hueso.

Por eso, era inevitable que el pueblo judío fuera sometido a otros exilios, pues su Éxodo de Egipto fue mortal y terrenal, y, por lo tanto, incompleto.

"Estos son los viajes de los israelitas...".  Estos son los viajes del exilio que los israelitas realizaran en la larga noche de la historia, porque "salieron de la tierra de Egipto... guiados por la mano de Moshé y Aharón”. Sin embargo, cuando el Propio Hashem redima a Su pueblo, con toda Su Gloria y Su Majestad, la redención no contendrá ningún elemento de imperfección humana, y, por lo tanto, será absoluta y eterna.

(Mayaná shel Torá)

Fuente: www.mesilot.org


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Nos dice el Midrásh (por Rab.Moshé Weissman, Ed.Bnei Sholem):

«¿Por qué son registradas las etapas?

Durante su peregrinaje Moshé registró el nombre de cada estación mientras el Pueblo de Israel partía de ella. Cuando los israelitas arribaron a la orilla del Jordán, después de cuarenta años, el Todopoderoso ordenó a Moshé compilar la lista completa de estaciones donde el Pueblo había acampado.

¿Por qué la Torá registró el intinerario de los israelitas en el desierto? Entre muchas razones están:

1. Para generaciones posteriores parecería casi más allá de toda creencia cómo una nación sumando millones de almas sobrevivió 40 años en el desierto. Ellas intentarían interpretar este período de la historia en una manera natural exponiendo todo tipo de teorías, tales como: El Pueblo viajó a través de regiones habitables, y –similar a otras tribus nómades- se sustentaron a sí mismos de fuentes de agua regionales y se nutrieron ellos mismos o de plantas halladas allí, o de plantas las cuales plantaron y cosecharon durante más largas residencias.

La Torá, por consiguiente, repetidamente describe los desiertos cruzados por los israelitas. La mayoría de ellos eran completamente inhabitables por seres humanos, porque carecían de agua y vida vegetal. Una amplia población de hombres, mujeres, y niños nunca hubiera podido sobrevivir allí.

A fin de implantar firmemente en nuestros corazones la emuná de que el Todopoderoso Mismo condujo milagrosamente a nuestro Pueblo a través del desierto, la Torá especificó los nombres de sus estaciones. Generaciones anteriores supieron todo acerca de estas regiones y supieron que ellas no son habitables.

2. Las etapas son enumeradas a fin de demostrar la bondad del Todopoderoso. A pesar de que El había decretado un período de 40 años de errar, El llevó a cabo Su sentencia compasivamente.
De las 42 etapas en las cuales los israelitas residieron, ellos permanecieron en 14 el primer año antes de que los espías fueran enviados y en 8 en el cuadragésimo año, después de la muerte de Aharón. De ahí que, en los restantes 38 años ellos residieron en meramente 20 etapas.
Más aún, en una estapa, Kadesh, ellos acamparon por 19 años. Así, en los restantes 19 años, residieron en 19 etapas (un promedio de un campamento de un año en cada etapa).

3. Las etapas del Pueblo de Israel son listadas a fin de enseñar que sus peregrinajes fueron dictados por un plan espiritual definido.

Un hombre tenía un hijo muy enfermo. El lo llevó para tratamientos de un doctor al siguiente, y de un hospital a otro. Gradualmente el hijo se recuperó. Cuando el padre pudo finalmente llevarlo a casa, él señaló en el camino a casa todos los lugares donde el muchacho había sobrellevado tratamientos y operaciones.
“¿Recuerdas?”, le preguntó, “cuando nosotros nos quedamos en este sanatorio durante la noche?”. Mientras ellos pasaban otro lugar, él dijo: “Aquí tú tuviste los escalofríos”, y ante otro, “Aquí fuiste importunado por una jaqueca”.

Similarmente, la Torá desea atraer atención al hecho de que el Padre Celestial llevó a los Hijos de Israel a residir en ciertas estaciones en el desierto para curar sus enfermedades espirituales y morales después del exilio en Egipto.»


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En el gran viaje de nuestra vida tenemos muchas estaciones existenciales. Estaciones que marcan la vida de uno.  Pueden ser éstas pruebas con sufrimientos, o pueden ser situaciones de gozo.  La peor decisión en la vida es quedarse en la estación del sufrir permanente con desánimo, ya que eso puede debilitar mucho el alma, haciendo que uno baje los brazos completamente para no seguir caminando hacia un horizonte mejor, el cual seguro se encontrará si se continúa la marcha y la lucha de la Mano del Todopoderoso (con fe firme a pesar de todo).  Y eso es lo que quiere Él. Pues Él pone o permite las estaciones que nos hacen sufrir para que rindamos las pruebas de nuestra fe y, mediante ellas, nos fortalezcamos, purifiquemos y santifiquemos.  Es semejante a una carrera universitaria o colegio de niño. Nadie aprenderá si no hay exámenes donde se presenten problemas a resolver.  Y, cuando un niño comienza a dar sus primeros pasos, siempre tropezará, pero no quedará quieto sin intentar de nuevo caminar hasta que lo logre.  Así estamos en nuestra vida de crecimiento espiritual, aprendiendo a dar pasos en el aprendizaje para llegar a otra vida mejor, la que está por venir en el futuro.  Al mismo tiempo, aprendemos a hacer las cosas bien como lo enseña el Maestro de la Vida, nuestro Creador Eterno.  Él Nos enseña la Teoría mediante Su Palabra, es decir, mediante Su Torá.  Luego de la Teoría, nos pone en práctica para ver si aprendimos bien esa Teoría/Torá, porque como sabrán los que estudiaron, hay exámenes con teoría y práctica.  Y muchos sabrán que a veces nos enfrentamos ante exámenes muy duros, incluso algunos parecen desanimarnos para continuar la carrera de estudio.  La vida es así, hay que rendir exámenes. Pero rendir exámenes sin Teoría es pérdida de tiempo y un gran riesgo de fracasar.  Esa pérdida de tiempo es sufrir en el desierto,  pero sin rumbo a la Tierra Prometida o al Mundo Venidero, lo que puede significar una vida mundana y superficial, un conformismo con poco, casi como si uno fuera animal. Pero no somos animales, tenemos alma que nos fue regalada pura, y nos fue dada para que honre al Todopoderoso pase lo que pase, se sufra lo que se sufra; y, de esa manera, se reciba otro regalo mejor: la vida perpetua en el Mundo Venidero.

Y cuando se entiende esto último, entonces se comprende que los sufrimientos y las estaciones son transitorias –sean de sufrimientos o gozo, y de todas se pueden aprender algo para el futuro.  En las de gozo: aprender a agradecer y no dejarse confundir por una falsa inmunidad o autosuficiencia, trampas que pone el ego propio y causa olvido o alejamiento del Todopoderoso.  Y en las de sufrimientos: aprender que todo es para bien, para extraer lo bueno de todo lo que parece definitivamente malo, sin bajar nunca los brazos.  Todo es para nuestro beneficio con el tiempo.  Todo sufrir es para que miremos nuestro pasado, corrijamos nuestros errores, nos levantemos si tropezamos, y sigamos firmes con la mente fija en mejorar, en rectificar nuestro ser, en aprender a caminar como el Padre Celestial lo desea; porque Él sabe perfectamente qué es lo mejor.




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Núm.33:50-53 YHWH se dirigió a Moshé en las planicies de Moav –junto al Iardén, en la margen opuesta a Ierijó- y dijo: (51) “Transmíteles a los israelitas. Diles: Cuando crucen el Yardén (Jordán) hacia la tierra de Kenaan, (52) expulsen de la presencia de ustedes a todos los habitantes del país, destruyan todos sus templos, destruyan todas sus imágenes fundidas y arrasen todos sus altares. (53) Tomen posesión de la tierra y establézcanse allí, pues a ustedes les doy en posesión eterna ese territorio.


Cruzar el Río Jordán, significaría alcanzar el premio de vivir en el Mundo Venidero con el regreso del Mesías.  Pero quien tenga el derecho de vivir en la futura Tierra Prometida, siendo al mismo tiempo parte del Pueblo de Israel, no puede tener creencias paganas e idólatras,  como adorar a un hombre; prosternarse ante imágenes o esculturas; creer que el Todopoderoso es dos o tres manifestaciones de seres y uno al mismo tiempo; creer que el Padre Eterno, Inmortal e Incorpóreo se haya encarnado en un hombre; creer que el hombre se reencarne en muchas vidas para lograr la rectificación de su alma; y tantas otras creencias más heredadas por tradición desde el exilio de Israel en Babilonia, así como por la influencia de la opresión cultural y religiosa griega y/o romana; y por la asimilación de Israel entre las naciones gentiles adoptando sus creencias, cosa contraria a lo que el Todopoderoso pide aquí mismo en la Torá al conquistar la Tierra Prometida.

Por otro lado, para poder cruzar ese Río, hay que meterse en el agua.  Cruzar este Río alude al compromiso de poner en prática las enseñanzas de la Torá (“sumergirse en ese “Agua”).  En Tierra de Israel comenzarían a aplicarse los decretos que tienen que ver con la tierra particularmente.  Pero también entrar a Tierra de Kenaan alude a otro desafío distinto al del tránsito por el desierto.  En esa Tierra se produce la gran lucha contra todo paganismo e idolatría.  Lo que nos enseña la Torá es a entrar a lo más profundo de nuestro ser, de nuestra alma, para que por medio del aprendizaje de la misma Torá y su entendimiento profundo (no como libro histórico),  se elimine toda creencia que es contraria a las Instrucciones del Todopoderoso.  Para ello hay que estudiar y luego evaluar cada etapa de la vida; así como hizo Moshé, que registró todas las estaciones y todo lo que pasó en las mismas; y, cuando llegó a Tierra Prometida, las dejó claramente mencionadas para que recuerde el Pueblo todo lo sufrido y los errores cometidos; para que aprenda de tales errores; para que no se deje confundir por estados de bienestar; y para que se sepa que los sufrimientos en el desierto pueden ser experimentados aún en Tierra de Kenaan, si no se continúa con la rectificación.  Porque así fuimos creados, propensos a cometer errores y aprender de ellos, y seguir ese camino sin parar.  Y la perseverancia traerá el buen fruto en la obediencia, en el discernimiento, y en la sabiduría de comprender cuál es la Verdadera Voluntad del Altísimo.




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Núm.33:55 Si no expulsan de la presencia de ustedes a los habitantes de la tierra, los que dejen con vida serán para ustedes como astillas en los ojos, y como espinas en los costados.  Ellos los hostigarán en la tierra en la que ustedes vivirán.



Nos enseña en profundidad la Torá que, si no expulsamos de nuestra alma y existencia en el camino de la rectificación (Teshuvá) las impurezas que el Altísimo describe como tal (erradicando la desobediencia a Sus Mandamientos), tales impurezas se volverán tropiezos molestos para nuestro vivir, como astillas en los ojos y espinas a nuestros costados.  Esta decisión tiene que ver con escoger,  mediante la expulsión de toda creencia pagana (no hebrea) y la eliminación de toda desobediencia, la vida, el bien y la bendición consecuente (Deut.11:26-28, 30:19-20); de lo contrario, la vida será muy complicada con la posibilidad de perderlo todo.

Por otro lado, esta expulsión de los habitantes de las naciones gentiles de la Tierra de Israel, tiene que ver también con cortar toda posibilidad en la que se prevea un tropiezo.  Esto lo enseñó claramente Yeshúa cuando dijo:

Mat 5:29-30 Si te incita tu ojo derecho, sácalo y échalo fuera de ti; (30) y si te incita tu mano córtala.  Mejor te es que pierdas uno de tus miembros a que todo tu cuerpo en el Guehinóm [Nombre del Valle en Jerusalén donde se quemaba la basura].  (Mat.Heb.Shem Tov. Trad.Avdiel ben Oved)


Por ejemplo: si tenemos un grupo de conocidos que nos invita a una fiesta donde habrá comportamiento indecoroso, posible acción de inmoralidad sexual, o personas propensas a la borrachera, lo mejor es no aceptar esa invitación, aún a pesar de que perdamos amistades.  En otro caso, cuando se tiene una debilidad carnal ante un posible vicio (bebida, comida, etc), lo mejor es no tenerlos  disponibles para caer en tales vicios.  Pero en profundidad, el “sacar el ojo” y el “cortar la mano” aluden a lo mismo que eliminar las naciones paganas de la Tierra de Israel. Esto es, eliminar toda impureza del alma que facilite la consecuencia del pecado.  Para ello se debe estudiar mucho los Mandamientos del Eterno y orar mucho más para estar preparados para cumplirlos en cada prueba.  Y la mayor impureza para el alma es la ignorancia, la cual si no se la elimina, persistirá en la vida como una astilla en el ojo, porque no dejará ver las verdades celestiales para una vida bendecida.




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Núm.35:9-11 YHWH le habló a Moshé, diciendo: (10) “Transmíteles a los israelitas: Cuando crucen el Yardén (Jordán) hacia la tierra de Kenaan, (11) deberán asignar para ustedes ciudades que cumplan la función de ciudades de refugio para ustedes, a las que pueda escapar un homicida que mate a alguien accidentalmente.



El Rab Shlomó Wahnón de mesilot.org nos enseña:

Y habló... “Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio para vosotros y se refugiará allí todo el que mata por error”.  Una parashá muy especial se abre delante nuestro cuando la Torá nos obliga a construir seis ciudades de refugio después del reparto de la tierra, tres del lado oriental del río Jordán y tres del otro lado, en la tierra de Canaán.  Nueve tribus y media recibieron solamente tres ciudades de refugio, mientras que las otras dos tribus y media, en el otro lado del río Jordán, recibieron el mismo número de ciudades, a lo que comentaron nuestros Sabios que la distancia del Templo y de la kedushá [santidad] de la Tierra de Israel fueron la razón de la diferencia entre ambos terrenos.

La Torá advierte al que mató por error que, deberá vivir en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote, a lo que comenta la Mishná, que las madres de los Sumos Sacerdotes acostumbraban enviar todos los días, regalos a los refugiados para que no pidieran por la muerte de sus hijos.  ¿Cómo podemos entender que las madres tenían que enviar regalos para que no pidieran por la muerte de sus hijos?  ¿Acaso el Todopoderoso escucharía una petición como esa?  ¿Qué culpa tenía el Sumo Sacerdote para ser la “causa” de la desgracia de estos refugiados?  Aquí la Torá da una lección a los dirigentes y a todos nosotros, que no somos responsables solamente de nuestros hechos, sino también de los que pudimos evitar y no lo hicimos.  El Sumo Sacerdote como máxima instancia espiritual, tenía la obligación de educar y encaminar al pueblo en su comportamiento.

Existen situaciones imposibles de evitar y que el causante está totalmente liberado de toda responsabilidad de esos hechos, pero, por ejemplo, el leñador que bajando el hacha no tomó precauciones para evitar que la cabeza del hacha o una astilla salieran disparados por el efecto de la bajada del mismo, o quien bajaba el rodillo de alisar los techos y no tomó prevención, o el que bajaba las escaleras…, todos ejemplos donde el accidente puede ocurrir y no se tomaron medidas lógicas de precaución, están mas cerca de la negligencia que de lo inevitable.

¡Cuántos deberían ir a la ciudad de refugio!, cuando en una noche de fuertes lluvias circulan dentro de una ciudad a excesiva velocidad y los frenos no pueden evitar el accidente.

Un terremoto, casas derrumbadas, familias sin agua ni electricidad, el mundo entero sigue con preocupación el desarrollo de los acontecimientos.  Miles de soldados, fuerzas de rescates, bomberos y perros buscadores unen fuerzas para salvar a ese único damnificado y qué bueno que sea así, ya que nos enseñó la Torá: “El que salva un alma, es como si salvara al mundo entero”.  La vida humana no tiene precio y no depende de números, pero ¿por qué no somos iguales en los accidentes de tránsito?  ¿Por qué no luchamos con el mismo empeño, no para salvar al que ya se encuentra enterrado bajo los escombros que no pudimos evitar, sino por algo mucho mejor, para evitar el accidente y no solamente para curar al herido?  Más aún cuando la gran mayoría de los accidentes de tráfico pudieran ser evitados con un poco más de esfuerzo y educación cívica.

¡Cuántos regalos tendría que mandar la madre del Sumo Sacerdote!.  Pero no se preocupen el Sumo Sacerdote de nuestros días tendría la excusa que todos conocemos: ¡Los accidentes ocurren en todo el mundo!.

No está a nuestro alcance evitar los terremotos, apenas podemos paliar en algo sus efectos, pero los accidentes de tránsito, así como muchos otros casos de negligencia, a veces, hasta previstos de antemano por las estadísticas, son de nuestra responsabilidad y debemos considerarlos como casi intencionales.  Las estadísticas enseñan que muchos trabajos realizados en ciertas condiciones como ser los efectuados por las noches como las grandes construcciones, tienen una probabilidad de accidentes trágicos exageradamente mayores que los realizados de día.  ¿Cómo puede ser que las autoridades los autorizan, por más importantes y necesarios que sean esos proyectos?

La respuesta por lo visto no está en la necesidad, sino en el valor de la vida.  Mientras la vida sea un concepto de estadística, un número o un caso interesante, no podremos exigir al Sumo Sacerdote la responsabilidad de lo ocurrido, solamente cuando la vida sea un valor por la que todos sintamos la obligación de luchar, podremos entender el mensaje de nuestra parashá.

Rab Shlomó Wahnón

Fuente: www.mesilot.org



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De alguna manera, podría decirse que todos nos matamos a nosotros mismos,  espiritualmente hablando, cuando cometemos una gran ofensa al Todopoderoso; esto puede ser agrediendo y lastimando al prójimo verbalmente aunque no tengamos intención.  Es así que dijo David:

Salm. 44:22 Pero por tu causa nos dan muerte cada día, nos tratan como a ovejas para el matadero.

O sea, por amor incondicional al Santo Bendito Él, tratamos de vivir ofrendando nuestra existencia para servirLe obedeciéndoLe Sus Mandamientos.  Pero esa manera de vivir hace que muchas veces muramos con los tropiezos.  Sin embargo, así como morimos, también “resurgimos” de las cenizas con nuestra devoción para seguir la lucha en el camino de rectificación de nuestra alma.  Hay una manera de protegerse en caso de morir en las grandes caídas, y es ingresando a “ciudades de refugio” en el alma.  A estas “ciudades” se ingresa con plena plegaria y arrepentimiento sincero del error y daño que pudiera ser causado en el prójimo; u ofensa al Eterno profanando su Nombre Bendito.  Y en el Mesías también nos refugiamos, pues él sufrió por nuestros pecados (tanto de los que creen que ya vino como de los que no).  La Compasión infinita del Altísimo se ha multiplicado sobre sus amados gracias a la entrega hasta la muerte de Yeshúa el Mesías.  Si no fuera por lo que hizo él, estaríamos sufriendo muchísimo más cuando tropezamos.  Pero él nos permite renacer en cada “muerte” hasta que un día, cuando regrese, resucitará a todos los que lo esperaban, para así ya no necesitar más “ciudades de refugio”, sino vivir en el Mundo Venidero inmejorable para siempre, glorificando a YHWH Elohim Tzevaot. Amén veamén!


¡Jazak, jazak, venitjazek! – ¡Sé fuerte, sé fuerte y seamos fortalecidos!


Bendiciones!

Gavriel.

miércoles, julio 09, 2014

Saludos amigos. No olviden que cuando no escribo nada nuevo, pueden buscar en los archivos los comentarios de años anteriores; como por ejemplo, click en los siguientes links:

Parashá Pinjás 5773

Parashá Pinjás 5772

miércoles, mayo 28, 2014

Parashá 35 Nasó 5774 (Censa) Núm.4:21–7:89

Num.7:89 Cuando Moisés entraba en la Carpa de Reunión para hablar con Él [el Todopoderoso], oía la Voz que se dirigía a él desde encima de la cubierta que había sobre el Arca de la Alianza entre los dos querubines; así Él le hablaba.

La palabra hebrea que se traduce como "carpa" o "tienda" es "ohel", cuya raíz de la que deriva se puede traducir como "resplandecer".

Nos enseñaría este versículo algo sencillo de entender. "Tienda de Reunión" alude al momento cuando nos dedicamos a "orar frente" al Supremo. Pero Moisés oía y entendía esa Voz que emanaba de la cubierta del Arca del Testimonio. El Arca representa la Palabra y Enseñanza del Amo del Universo. Para poder comprender el Mensaje Celestial del Altísimo, es necesario conocer lo que dice. Pero también comunicarnos con el Autor de esa Palabra a través de la plegaria, en un encuentro íntimo con Él. Entonces será posible comprender lo que Él quiere de nosotros, Su Voluntad.

La palabra hebrea que se traduce como "cubierta" es "kaporet", que proviene de la raíz "kapará". Esta raíz tiene que ver con la expiación de pecados, es decir, de transgreciones a la Instrucción del Supremo. Es sumamente necesaria la plegaria para que nuestros pecados sean perdonados, siempre y cuando comprendamos la Instrucción Celestial. Por ejemplo: para que poder amar correctamente al Santo Bendito Él, en necesario amar a nuestro prójimo (y cumplir uno de Sus principales Mandamientos. Lev.19:18). Para que seamos perdonados por Él, también debemos perdonar a nuestro prójimo (imitando Su Ejemplo. Lev.11:45). Cuando ello ocurra, entonces estaremos oyendo y comprendiendo bien la Palabra del Altísimo.

Cuando nos comunicamos con el Supremo mediante la plegaria, comprendiendo Sus Palabras e Instrucciones, entonces nuestra alma comenzará a resplandecer con Luz Celestial, ayudando a los demás con la iluminación del camino de un buen vivir.

Gavriel.

martes, mayo 13, 2014

Parashá 33 Bejukotai 5774 (En mis decretos) Lev.26:3–27:34

Lev.26:3-5 Si ustedes caminan en Mis Decretos y observan Mis Mandamientos y los cumplen, (4) Yo les proveeré las lluvias en su momento apropiado para que la tierra dé su cosecha y el árbol del campo dé su fruto.  (Torat Emet)


Caminar (o vivir) según los Mandamientos y Decretos del Todopoderoso trae lluvias a su tiempo. Como hemos dicho en otra ocasión, estas "lluvias" aluden a bendiciones. Estas bendiciones son todo lo bueno y mucho más que uno puede recibir desde el Cielo, por parte del Altísimo. Todos los bienes se reciben de Él (por más esfuerzo que uno ponga en tenerlos), y todo lo que se recibe depende del comportamiento propio, así como también de Su inmensurable Compasión y Bondad. Pues muchas veces se reciben bienes sin merecerlos.



¿Qué producen también las bendiciones celestiales? Hace que "la tierra dé su cosecha". Esto se refiere a que el alma fortalece su fe en la obediencia para que logre rectificarse, cumplir con la Voluntad del Supremo, y enseñar sobre todo con el ejemplo a los demás el mejor camino en esta vida, con la mira puesta en la próxima. A esta "tierra" se refiere también la parábola del "sembrador" que pronunció Yeshúa ("Jesús") el Mesías, especialmente cuando dijo:

Mat.13:23 Y la [semilla] que cayó en tierra buena, es el que oye la Palabra y la entiende y hace fruto, esto es, de buenas obras. Y saca de la primera cien y de la segunda sesenta y de la tercera treinta. En cuanto al de cien, éste es el purificado de corazón y santificado de cuerpo. En cuanto al de sesenta, éste es el separado de mujer. En cuanto al de treinta, éste es el santificado en matrimonio, en cuerpo y en corazón. (Mat.Hebreo Shem Tov, trad.José Alvarez)

Por ello es muy importante trabajar la "tierra", que es el alma, de acuerdo a la "semilla celestial", que es la Palabra y Enseñanza del Amo del Universo. Y trabajarla para que dé frutos duraderos, que no se pierdan por falta de cuidado de la tierra. Porque puede ser fácil tener una bella tierra sembrada temporalmente, pero si se la descuida se pierden los buenos frutos. El cuidado de la tierra debe ser constante, un método de vida; y eso es vivir en los Mandamientos del Supremo.

Por otro lado, las bendiciones hacen que "el árbol del campo dé su fruto". Esto lo explicó también Yeshúa cuando dijo:

Mat.7:16 Por sus obras ustedes los reconocerán. ¿Recoge un hombre uvas de los espinos o higos de los abrojos? (17) Pues todo árbol bueno hace fruto bueno y todo árbol malo hace fruto malo. (18) Y el árbol bueno no puede hacer fruto malo, y el árbol malo no puede hacer fruto bueno. (19) Y todo árbol que no hace fruto bueno (lo queman en el fuego). (20) Por lo tanto, según los frutos, esto es, por las obras de ellos, ustedes los conocerán. (Mat.Hebreo Shem Tov, trad.José Alvarez)

¿De qué habla Yeshúa aquí? De no caer en la hipocresía, o en la bondad o santidad sólo superficial. Si uno quiere ser un árbol que dé buenos frutos, entonces tiene que aprender a vivir según lo enseñan los Mandamientos del Altísimo. Porque ellos enseñan el verdadero amor y el correcto comportamiento con el prójimo. Pero una vez que se aprende, debe haber evidencia de que ello ha ocurrido por medio de las obras con el prójimo. Porque en teoría cualquiera es santo; pero es en la práctica que debe mostrarlo. Por lo tanto, cuando uno es bendecido es porque recibe ayuda celestial del Supremo para ser efectivamente un árbol bueno y dar buenos frutos. Y mucho es necesaria la plegaria para recibir esa bendición.

Si uno desperdicia su vida, ignorando vivir según los Mandamientos del Santo Bendito Él, entonces escoge ser un árbol que no da buenos frutos. Esto significa vivir sólo en esta vida y despreciar la vida venidera reservada para los buenos árboles.

Se ha enseñado mucho, en estos últimos dos milenios, que sólo creer en Yeshúa como Mesías lo hace a uno merecedor de vivir en el Mundo Venidero. O sea: no importa la obediencia a los mandamientos, eso no le da premio a nadie. Sólo creer en Yeshúa ya es suficiente. Pero el mismo Yeshúa lo ha dejado advertido, cuando dijo:

Mat.7:21 Porque no todo el que me dice "Adoní" [mi amo] entrará en el reino del Cielo, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, entrará en el reino del Cielo. (22) Muchos me dirán en aquel día: "Adoní, Adoní, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos shedim [poderes inmundos] e hicimos muchas señales en tu nombre?" (23) Y entonces les diré: "Nunca los conocí; apártense de mí todos ustedes obreros de iniquidad". (Mat.Hebreo Shem Tov, trad.José Alvarez)

En la versión griega, para la palabra traducida como "iniquidad" (del hebreo avón), aparece anomian, que significa "sin Ley" o "transgresores de la Ley"; donde "Ley" es la Torá, la Palabra del Altísimo y, por ende, Su Voluntad.  Y también ésta es un advertencia para los que se dejan guiar por cualquier hacedor de "milagros".

Porque también está escrito, cuando le preguntaron a Yeshúa:

Mat.19:16 Y se acercó a él un joven postrándose ante él y le dijo: “Rabí, ¿qué cosa haré para adquirir la vida del mundo venidero?” (Idem)

¿Qué le respondió? ¿Acaso: "cree en mí", solamente? De ninguna manera, sino lo siguiente:

Mat.19:17 Y él le dijo: “¿Por qué preguntas acerca de lo bueno? No hay hombre bueno, porque ha'El [el Supremo] solamente es bueno. Y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. (Ib.)
 
¿Pero cuáles mandamientos? ¿Acaso mandamientos nuevos que el Mesías trajo, reemplazando los "antiguos", lo que sería contradecirse en Mat.5:17-18? De ninguna manera, ya que ante la nueva pregunta de cuáles era esos mandamientos, la respuesta fue:


Mat.19:18 Y él le dijo: “¿Cuáles son?” Y le dijo Yeshúa: “No asesinarás, no robarás, no darás contra tu prójimo testimonio falso, (19) honra a tu padre y a tu madre, y amar a tu prójimo como a ti mismo”. (Ib.)

Obviamente que no sólo estos mandamientos son necesarios cumplir, sino también todos los que aparecen en la Torá que enseñan el amor al Supremo y al prójimo. Pero es cierto también, que los Sabios dijeron que los "Diez Mandamientos" son el resumen de todos los demás; y que quienes los guardan se considera como si guardaran todos los demás. Por ello están en la misma línea las enseñanzas de Yeshúa y los Sabios en este tema.

En conclusión, es necesario tener la plena voluntad de aprender y cumplir los Mandamientos del Altísimo para ser bendecido por Él. Y esa bendición hará que la "tierra" del alma dé buenos frutos en obras frente al prójimo. Pero también es necesario trabajar constantemente esa "tierra" mediante la continua plegaria en cada día para agradecer por todo lo recibido, para solicitar perdón con arrepentimiento sincero por todos los traspiés, y para clamar por sabiduría celestial. Entonces, a través de ese camino se podrá andar contínuamente bendecidos, aprovechando cada oportunidad para hacer el bien, mientras se espera con fe válida el gran premio de vivir en el Mundo Venidero. Amén.

Gavriel.

sábado, mayo 10, 2014

Parashá 32 Behar 5774 (En el monte) Lev.25:1–26:2

Lev 26:1 Ustedes no se harán ídolos, ni se erigirán esculturas ni columnas, ni pondrán figuras de piedra en su tierra para adorarlas, porque Yo, YHWH, Soy su Elohim [el único Dios].

Este mandamiento es como un recordatorio del segundo de los llamados "Diez Mandamientos", que dice:

Ex.20:3 No tendrás dioses ajenos delante de mí. (4) No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

Debemos tener en claro que no existen "otros dioses" aparte del Todopoderoso; por ello, cuando dice "No tendrás dioses", significa no creer que hay otros seres que puedan ser adorados ni considerados igual al Amo del Universo; o sea que existan como "dioses", porque sólo hay Un Solo Dios . Todo lo que se adora fuera del Altìsimo se considera ídolo (aún como Mesías), y se peca con idolatría. Esto es lo que un cristiano debe corregir cuando descubre la verdad sobre este tema (saliendo de un acostumbrado engaño), y debe dejar de adorar a un hombre como si fuera el Supremo mismo; además de no prosternarse ante una imagen o escultura que sea representación de algo Celestial. Esto lo dejó enseñado el mismo Yeshúa (Jesus) el Mesías cuando fue "probado en el desierto":

Mat.4:8 Otra vez, satanas [en hebreo "hasatan" significa: adversario, opositor, acusador] le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, (9) y le dijo: "Todo esto te daré, si postrándote me adoras". (10) Entonces Yeshúa ("Jesús") le dijo: "¡Vete, satanás! Porque escrito está: 'AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y SOLO A EL SERVIRAS (rendirás culto). (Deut.6:13)'"

Considero que esto no ocurrió literalmente, sino que es un texto alegórico que representa hechos de la realidad más conocida. El "satan" es una tentación que, unida a la Mala Inclinación humana (Yetzer Hará - Debilidad carnal sin fuerza espiritual), suele provocar a la humanidad para que transgreda Mandamientos del Supremo. El "desierto" representa la vida misma donde se encuentran las pruebas, así como al Pueblo de Israel le fue probada su fe en el Altísimo durante 40 años en el desierto.

Lo que propone el "satan", es lo que proponen las costumbres mundanas; esto es: la glorificación mundana, la fama vana, el premio fácil, en fin, ofender al Todopoderoso cayendo en esclavitudes a ídolos. Porque ídolos pueden ser muchas cosas, no sólo esculturas o imágenes, sino también el ego propio, el dinero, bienes materiales, trabajos, personas, religiones, y todo tipo de adicciones.

Y finaliza la porción de estudio de la Torá para esta semana:

Lev.26:2 Guardarán Mis días de reposo, y tendrán en reverencia Mi santuario. Yo soy YHWH.

No es casualidad que a la orden de escapar de la idolatría (en todas sus formas) le siga el recuerdo de guardar el Shabat (día de reposo) y reverenciar el Santuario del Santo Bendito Sea. Como hemos explicado en otro momento, el "Santuario" donde more el Altísimo debe ser construido en el alma de cada uno. Y es respetar el día santificado (apartado como santo) de la semana, el mejor camino para una buena construcción del santuario en el alma. Al mismo tiempo, el mejor medio para alcanzar la verdadera sabiduría celestial, y así despertar de ignorancias acostumbradas que ciegan la mente, permitiendo también la liberación de cualquier esclavitud.

Gavriel.

martes, mayo 06, 2014

Parashá 32 Behar 5774 (En el monte) Lev.25:1–26:2

Esta semana estudiamos la porción de la Torá (cinco primeros Libros de la Biblia) llamada "Behar" (que significa "En el monte"), comprendida por el pasaje de Lev.25:1–26:2. Encontramos en ella el siguiente pasaje:

 Lev 25:17 No se defrauden unos a otros, sino respeten a su Elohim; porque Yo YHWH soy su Elohim. (18) Ustedes observarán mis leyes y guardarán fielmente mis reglas, para que vivan con seguridad en el país; (19) la tierra rendirá su fruto y tú te saciarás, y vivirás en ella con seguridad. (20) Y si preguntas: “¿Qué vamos a comer en el año séptimo, si no podemos sembrar ni recoger nuestras cosechas?” (21) Yo ordenaré mi bendición para ti en el año sexto, de manera que rendirá una cosecha suficiente para tres años. (VIN)
 


Según otra interpretación de la palabra hebrea traducida como "defrauden", también puede darse a entender la frase como: "No se maltraten unos a otros". Y en efecto, este mandamiento, como muchos otros, apunta al amor al prójimo. Pero, como dice inmediatamente: "respeten (o teman) a su Elohim (Dios)", significa que quien ama al Todopoderoso, debe amar necesariamente a su projimo, ayudándolo con lo necesite y evitando el maltrato en todas sus formas (maledicencia, violencia verbal, mentiras, engaños, daños físicos al cuerpo o bienes propios, etc). Cuando no hay temor o respeto al Amo del Universo, difícilmente se respetará a los demás.

Cuando se teme correctamente al Supremo, entonces se podrá cumplir fielmente los mandamientos enseñados por Él. Pero además, el temor al Supremo, que provee sabiduría Celestial (Salm.111:10, Prov.1:7), será un reforzador de la fe y de la confianza plena en el sustento provisto por el Altísimo.

Cuando se teme respetuosamente al Supremo, el alma vive confiada en la ayuda infalible del Todopoderoso. Hay un estrecha relación entre la obediencia a la Palabra del Altísimo con la confianza en Su Ayuda. Y amar al prójimo, como lo espera el Altísimo, permite que uno cumpla los mandamientos y viva confiado en que todo será para bien (aún las dificultades). Y esa confianza se traducirá en seguridad y tranquilidad en cuanto al sustento.

La Torá nos habla con respecto al "año sabático" (Shemitá), en el que debían hacer descansar la tierra. Y, ante la cuestión preocupante sobre el sustento para la vida al no poder trabajar la tierra el séptimo año, el Altísimo les asegura que el sexto año tendrán la bendición de abundancia para poder guardar para el futuro, incluso hasta de sobra. Pero la bendición está supeditada a la obediencia de los mandamientos. Y ésto lo deja bien en claro nuestro Santo Maestro y Mesías Yeshúa, cuando dijo:

Mat.6:31 “Por tanto, no se afanen diciendo: “¿Qué comeremos?" o “¿Qué beberemos?’ o “¿Con qué nos cubriremos?" (32) Porque los gentiles buscan todas esas cosas, pero su Padre que está en el cielo sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas. (33) Más bien, busquen primeramente el reino de Elohim y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. (VIN)
  
La enseñanza es clara: si uno sólo vive afanándose para satisfacer los deseos corporales, se comportará como un gentil que siempre rechaza obedecer los mandamientos del Altísimo. Y ese camino puede acarrear muchos sufrimientos, sobre todo por una fe degradada por falta de temor al Supremo. En cambio, la obediencia trae bendiciones; más aún la tranquilidad por el sustento y la satisfacción de las necesidades básicas.

Es por ello que cobra gran sentido la frase de la Torá, que dice: Te causó penurias y te hizo pasar hambre. Entonces te dio de comer el maná, que ni tú ni tus padres jamás habían experimentado, para hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que emana de la boca de Hashem vive el hombre. (Deut.8:3, Torat Emet)

 Son las Palabras o Enseñanzas de Vida del Santo Bendito Él, el mejor alimento para el alma; más importantes aún que los alimentos físicos. Pues el alimento celestial, no sólo sirve para vivir en este Mundo, sino también en el Venidero. Quienes viven alimentándose con la Palabra Celestial, no se preocupan por los problemas mundanos, ni por las necesidades físicas, porque viven como los niños que sienten la seguridad del sustento que le proveen sus padres.

Por lo dicho anteriormente, también se entiende la promesa de sustento durante el año sabático. Si uno cuida de vivir obedientemente (y con respeto) al Amo del Universo, entonces será cuidado para que no le falte ningún bien necesario, e incluso para tenga abundancia. Y si hay abundancia, se debe tener en cuenta que es por decisión y dádiva del Altísimo. Por lo tanto, se debe compartir esa bendición, para conservarla o aumentarla. Porque, como dice el Supremo, toda la tierra es de Él (Lev.25:23). Y nunca se debe dejar de agradecerLe diariamente por todo lo que se recibe, aún si es poco o lo necesario.


  Gavriel.

domingo, mayo 04, 2014

Parashá "Behar" ("En el monte"), comprendida por el pasaje de Lev.25:1–26:2

Nota publicada el año pasado, cuando se estudiaron juntas las porciones "Behar" (que se estudia sola esta semana) y "Bejukotai" (que se estudiará la semana que viene). Saludos.

Behar-Bejukotai 5773

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