miércoles, junio 27, 2012

Parashá Jukat – Bamidbar / Núm. (19:1-22:1)

Por Gavriel Ben Yosef de Santa Fe, Argentina.

Bendiciones a todos amigos.  Esta semana seguimos estudiando el Libro cuarto de la Torá, llamado Bamidbar (En el Desierto), conocido como “Números”.  Esta vez con la Parashá (porción de la Torá) llamada Jukat, que significa “decreto de [la Torá]”.  Con ayuda del Eterno trataremos de extraer algunas enseñanzas del análisis de Sus Palabras.



Núm.19:1-2 IHWH les habló a Moshé y a Aharón, diciendo: (2) El siguiente es el decreto de la Torá que ordenó IHWH: Diles a los israelitas que te traigan una vaca totalmente colorada, que no tenga defecto alguno y que nunca haya llevado el yugo.



Estudiamos esta semana sobre el decreto de la vaca roja y otros temas importantes.   Antes que todo será útil hacer incapié en la palabra hebrea que da nombre a esta porción de la Torá, que es jukát, palabra declinada de juk “decreto”.

Clases de mandamientos.

La primera vez que aparece una diferencia en tipos de órdenes es en el siguiente pasaje cuando le hace la promesa de multiplicidad física a Avraham:

Gen.26:4-5 Haré a tus descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo, y daré a tus descendientes todas estas tierras, de modo que todas las naciones de la tierra se bendecirán por medio de tu linaje – por cuanto Avraham me obedeció [con fe hebrea] y cumplió mi orden: mis mandamientos [Mitzvot ], mis decretos [ Jukot ], y mis enseñanzas [ Torot ]”.

A partir de este pasaje podemos ver que las órdenes o mandamientos del Eterno se dividen específicamente en diferentes modos de exigir obediencia.  Esto lo podemos saber a partir del análisis de las palabra hebreas de las Escrituras.  Pasamos a enumerar las diferentes palabras que podemos encontrarlas a todas en el Salmo 119.

Edút/edáh:  testimonio, recordatorio, orden.
Piqqúd: mandato, decreto, precepto.
Mitzváh: mandamiento.
Juq: decreto, estatuto, ley, norma, obligación, ordenanza.
Mishpat: decreto justo, precepto, sentencia justa.
Imráh: mandato, dicho, palabra, orden.
Davar: palabra ordenada, mandato.
Toráh: ley, ordenanza, estatuto, precepto, dirección, instrucción, enseñanza.

Juk es de la clase de decretos que no pueden comprenderse lógicamente; más aún cuando encierran paradojas como en este caso del decreto de la vaca roja, la cual era sacrificada y quemada para purificar con sus cenizas a los que tenían contacto con cuerpos muertos, pero al mismo tiempo impurificaba al que la sacrificaba.


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La Torat Emet (Ed.Keter Torá, Bs.As., trad. Rab. Reuben Segal) nos enseña:

«La Torá alude a los 613 mandamientos contenidos en ella con diferentes expresiones, por ejemplo: decretos, leyes, preceptos, palabras, etc. Dichas expresiones, lejos de ser sinónimos, constituyen diferentes categorías de mandamientos, cada una con su propio significado. En cuanto al grado de comprensión racional que podamos adquirir respecto de los mandamientos, éstos se dividen en: Edot –Testimonios- Jukim –Decretos- y Mishpatim –Disposiciones de sentido común/Juicios. Los primeros son aquellos sobre los que la Torá da testimonio de su sentido. Por ejemplo, los mandamientos relativos a las Festividades –la Torá ordena observarlos y nos proporciona a la vez el sentido de los mismos, pudiendo tener la función de recordatorio, o de código de identificación [como el Shabat], o de motivación espiritual. Los Mishpatim, abarcan todas las normas de orden común para el normal desenvolvimiento de la sociedad, por ejemplo la prohibición de robar. Se trata de mandamientos de incuestionable valor social. Y por último, los Jukim son aquellos mandamientos que tienen el status de decreto, pues la razón humana no puede aprehenderlos por sí sola, ni la Torá le ofrece a nuestro intelecto razón alguna para su observancia, como es el caso de la vaca colorada mencionada en el versículo. Se trata de mandamientos que trascienden nuestra lógica, y la única motivación para llevarlos a la práctica es la firme disposición de someternos a la Voluntad Celestial, aquella Fuerza Superior, impenetrable para la estrecha y limitada mente humana. La paráfrasis del versículo, “Este es el decreto de la Torá”, tiene una importante connotación: Todos los mandamientos de la Torá, incluso aquellos que satisfacen la sed racional de nuestro intelecto, deben ser observados como si fuesen decretos –la observancia por la observancia en sí- porque la lógica de los preceptos, o el beneficio que se pueda derivar de ellos, son vestimentas accesorias que envuelven a la Esencia. En cambio, la observancia de un precepto como simple y pura expresión del cumplimiento de la Voluntad de Hashem –porque la esencia de los preceptos es justamente Su Voluntad y no su sentido lógico- nos permite trascender el ropaje exterior y captar la Esencia. Se trata de la fe que trasciende la barrera de la razón, la fe que te permite explorar lo definitivo.

Dos veces encontramos en el texto bíblico la expresión “Este es el decreto de la Torá”. Una en el presente contexto, que trata acerca de las normas de purificación corporal por medio del preparado de agua y cenizas de la vaca colorada (Con ese preparado se purificaba a quien hubo estado en contacto con un cadáver o bajo un mismo techo que el mismo). Y la segunda en Números 31:21, que trata acerca de la kasherización (purificación, transformación de no-kosher en kosher) de los utensillos de cocina. Conforme con la paráfrasis del versículo: “Este es el decreto de la Torá” parecería que esos dos decretos son los representativos y la suma de toda la Torá, a pesar de que ésta consta de 613 normas. Y así es en efecto, pues tanto la pureza física –todos los buenos usos y costumbres englobados en dicha expresión– y la pureza de los alimentos que ingieres y de los utensillos en que los preparas es la base y condición sine qua non  (sin la cual no – absolutamente necesaria) para la observancia de toda la Torá, la base para la observancia de todas las 613 normas comprendidas en ella.

“que te traigan una vaca totalmente colorada, que no tenga defecto alguno y que nunca haya llevado el yugo”. Un gran maestro de antaño interpreta el versículo así, figurativamente: Si uno se considera perfecto y que no tiene defecto alguno es porque nunca ha llevado el yugo, el yugo del Cielo. El que acepta sobre sí el yugo de la Torá está siempre consciente de cuán lejos se halla de la perfección absoluta.

Existe una profunda relación entre el precepto de purificación por medio de la vaca colorada y el precepto de la Redención por medio del Mesías. Mitzvot (Mandamientos) significan vida: cuando uno observa los Mandamientos celestiales se liga con el Supremo y se nutre de la vitalidad espiritual de la Fuente de Vida. Transgresión, por el contrario, significa violar la Voluntad Celestial, y como tal significa desconectarse de la Fuente de Vida para erigirse como “impureza de muerte”. Así como las cenizas de la vaca colorada tienen el poder espiritual de quitar la impureza de quien haya estado en contacto con un cadáver, la Redención mesiánica purificará a la persona de cualquier defecto en su conexión con el Supremo.»


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Es por demás interesante lo que menciona el rabino sobre la relación de la vaca colorada con la Redención Mesiánica.  Y efectivamente, sabemos que el color rojo está asociado al pecado, entendiéndose correctamente como transgresión de la Torá y desobediencia a la Voluntad Celestial.  Y el rojo del pecado también tiene que ver en una frase de Salomón con la imagen de la serpiente, de la cual también hablaremos más adelante. Así dice en Prov.23:31-32

No contemples al vino rojo según da su color a la copa, puede pasar suave ahora, pero al final, muerde como una serpiente. Sí, golpea como serpiente venenosa.

Aquí se alude al estado de desobediencia de los mandamientos de la Torá como si fuera una vida en constante borrachera, pues la ebriedad causa descontrol de los actos y sobre todo del habla, dado que con la boca se comete pecados más fácilmente (por ejemplo de Lashón Hará).  Contemplar “al vino rojo” en la copa se refiere a dejarse llevar por las tentaciones mundanas que fuerzan a la Ietzer Hará (inclinación carnal y natural a pecar) para que se transgreda la Voluntad del Todopoderoso, violando Su Torá.  Entonces, el Sabio da a entender que caer en esa trampa producirá que sea mordido por una serpiente, la que representa tanto el vivir cometiendo lashón hará (maledicencia, chismeríos, calumnias, injurias), como ser esclavo de los pecados y del dominio carnal y sus pasiones de manera hedonista (Doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida. Def.RAE).  Las palabras citadas de Salomón están relacionadas también con este otro pasaje que alude a una ebriedad por la tozudez de la desobediencia:

Prov.14:12 Un camino puede parecerle correcto al hombre, pero al final ser un camino a la muerte.

Esto sucede cuando uno es engañado con enseñanzas alejadas de la Torá y se convence a su ego de que es el camino correcto a seguir. Pero finalmente, hará efecto el “veneno” de la “serpiente”, que es el poder de la mentira en contra de la Palabra del Todopoderoso, y como consecuencia puede producir, no sólo la muerte en este mundo, sino también la muerte perpetua, es decir, quedar sin el premio de la vida perpetua en el Mundo Venidero.

También tenemos algo profético en el análisis de las palabras en hebreo “vaca roja” (pará adumá).  Adumá proviene de la raíz edom, que era lo que Esav, el hermano de Itzjak, le pedía que le diera a comer con el “guiso rojo” (Gén.25:30) a cambio de su progenitura.  Edom, con el tiempo está representado en el gran Imperio Romano y, por supuesto, en toda su influencia en la religión que nació desde su seno.  Los creadores de esta religión (no judíos y anti-Torá en su mayoría antisemitas) robaron y manipularon las enseñanzas hebreas, así como también la imagen conceptual del Mesías de Israel, para enseñar creencias basadas en la transgresión constante de la Torá,  sumadas a las teorías del reemplazo y la dispensación de mandamientos.  Por ello el rojo de “Edom” se asocia al color rojo de la transgresión constante (parcial o total) de la Torá, en un vivir pecando y alejándose de hacer la verdadera Voluntad del Todopoderoso.  Edom viene a ser un obstáculo en el Camino hacia el cumplimiento de la Palabra del Altísimo, algo que en esta misma Parashá está simbolizado en el pasaje de Núm.20:14-21.

Y lo que dijo el rabino, en cuanto a la relación entre la expiación con las cenizas de la vaca roja y la Redención Mesiánica, está reflejado en una gran profecía de Isaías en el cap.1:15-20

Is.1:15 Cuando extiendan sus manos, Yo volveré mis ojos de ustedes; no importa cuánto me supliquen, no estaré escuchando; porque sus manos están llenas de sangre.  (16) ¡Lávense hasta quedar limpios! ¡Quiten sus iniquidades de sus almas de delante de mis ojos! ¡Dejen de sus iniquidades; (17) aprendan a hacer el bien! Diligentemente busquen juicio, alivien al oprimido, defiendan a los huérfanos, obtengan justicia para la viuda. (18) Y vengan ahora, dice IHWH: Razonemos esto juntos.  Aunque sus pecados sean como escarlata, Yo los haré blancos como la nieve; aunque sean rojos como el carmesí, serán blancos como lana.  (19) Si están dispuestos, y me escuchan, comerán del bien de la tierra; (20) pero si rehúsan y no me escuchan; serán devorados por la espada"; porque la boca de IHWH ha hablado esto.

Cuando alguien vive rojo de pecados, el Todopoderoso se aparta de él, e incluso sus plegarias son ignoradas. Y le quita todas las bendiciones que trae el vivir obedientes a Sus Mandamientos.  Las “manos están llenas de sangre” tiene que ver con un actuar en la vida llena de pecados, pues la sangre es roja también.  Y al razonar, debe recordarse la expiación de la vaca roja, por ello el Altísimo dice a través del Profeta que los pecados serán limpiados y emblanquecidos, es decir, eliminados de la voluntad transgresora y desobediente.  Esto se logra como dice luego, estando dispuestos y escuchando, es decir, poniendo plenamente la voluntad en obedecer y practicar los mandamientos de la Torá.  Esto enseña la purificación por medio de la vaca roja.

La vaca también representa nuestra naturaleza animal propensa a esclavizarnos a las tentaciones carnales.  Alguien esclavo de sus pasiones carnales vive como un animal.  Y la vaca sería roja porque debe representar la naturaleza pecadora, y todo esto era quemado [aludiendo a cambiar el estado de impureza causada por los pecados] para que las cenizas purificaran.  Pero cuando se hacía el servicio, los que participaban quedaban a su vez impuros por la misma vaca muerta, y es la paradoja que Salomón, el que llegó a ser el más Sabio de Israel, no pudo resolver su misterio por ser un decreto (juk).  Una posibilidad sería que la muerte de la vaca debe aludir a la muerte de la persona en cuanto a su manera animal de vivir alejada de la Torá y en desobediencia.  Lo que se conoce como un “nacer de nuevo”. Morimos impuros y renacemos con la expiación de la misma vaca, es decir, obedeciendo incuestionablemente los mandamientos de la Torá para limpiarnos de los pecados y emblanquecer (purificar/santificar) nuestra alma. Y esto es lo que nos enseñó Yeshúa el Mesías: a vivir obedeciendo la Torá para purificar nuestro espíritu y alcanzar la conexión plena con el Todopoderoso, y comer del bien de la tierra (recibir las bendiciones de lo Alto), como dice el Profeta.  Esto sería tanto disfrutar de las bendiciones en esta vida, como en la vida venidera en la Tierra de Israel Prometida.  Y es lo que el rabino citado quiso decir con: la Redención mesiánica purificará a la persona de cualquier defecto en su conexión con el Supremo..

Pero tendríamos más relación profética entre la vaca roja y la redención que posibilita el Mesías.  El rojo de la vaca simbolizaría también la sangre que Yeshúa el Mesías derramó como “siervo sufriente” (Is.53:5) para expiación/purificación de los pecados de los que estaban “muertos” a la Vida que posibilita la Torá por medio de la obediencia a sus mandamientos, lo que significa la posibilidad para las naciones gentiles de hacer la Voluntad del Eterno (Comp. frag. Ef.2:11-22).  Recordemos que la Torá dice:

Lev.17:11 Pues el poder de la vida de todo ser reside en la sangre; y Yo les asigné (la sangre) a ustedes para (colocarla en) el Altar, a fin de proveer expiación por la vida de ustedes.  Es la sangre la que provee expiación por una vida (porque –justamente- la sangre es la fuerza de la vida) (Torat Emet)

Y la vaca roja, como dijimos antes, moría representando el impulso animal que hay en el hombre.  Y la sangre, que es la fuerza de la vida, más bien simbolizaría la fuerza de la voluntad del hombre.  Con la sangre de la vaca, el Sacerdote Elazar debía salpicar 7 veces (Núm.19:4) hacia la Tienda del Encuentro (con el Eterno), lo que nos enseñaría que debemos sacrificar nuestra vida los 7 días de la semana con todos nuestros impulsos animales y con nuestra total voluntad para hacer lo más posible la Voluntad del Altísimo, evitando así caer en una vida puramente animal o “hedonista”, y evitando que nuestro ego nos esclavice y se transforme en “Faraón” para forzar nuestras acciones contrarias a los Mandatos Celestiales.

Para cuando regrese el Mesías, sabremos que traerá nuevamente expiación para aquellos que vivieron anhelando hacer la Voluntad del Todopoderoso en todo el Pueblo de Israel.  Esta expiación está reflejada en la sangre de su manto/talit que vestirá, como está escrito: “Está vestido de un manto/talit teñido en sangre, y su nombre es Dabar/Palabra de Elohim” (Rev./Ap.19:13).  Su primera venida se refleja en el comienzo del cumplimiento de la profecía de Zac.8:23 de manera masiva entre las naciones gentiles, tal como está escrito:

Zac.8:23 Así dijo IHWH de los Ejércitos: En esos días, diez hombres [diez significa multitudes de personas que tiene relación con la promesa hecha a Abraham] de naciones de todo idioma se aferrarán -se aferrarán de cada judío por el borde de su manto/talit [es decir: se aferrarán de la transmisión de conocimientos de Torá y toda enseñanza Escritural], y dirán: “Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Elohim está con ustedes”.

Esto se fue cumpliendo, tanto a nivel de Pueblo de Israel, como por medio de Yeshúa el Mesías siendo conocido por su “talit”/enseñanzas, aunque sea imperfectamente entre las naciones, pero rectificándose y recuperándose sus enseñanzas originales en los últimos tiempos .  Y al final de los tiempos, cuando se cumpla el número total (determinado por el Eterno) de entrada de gentiles al Pueblo de Israel (Rom.11:25), el Mesías regresará con su talit teñido de sangre para expiar a todo el Pueblo de Israel, incluso a aquellos judíos que lo rechazaron como Mesías en su primera venida y lo reconocerán en la resurreción; esto está simbolizado en el reencuentro de Yosef el Justo (hijo de Yaakov) con sus hermanos en Egipto.  

Y todo lo que estamos explicando está reflejado en palabras de Shaúl de Tarso (Pablo), cuando dijo:

Heb.9:13-15 Porque si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de la vaca roja, rociada sobre los inmundos, santifica para la purificación ritual de la carne, (14) ¡cuánto más la sangre del Mesías, quien mediante el auxilio de la Shejiná (Presencia Celestial del Eterno) se ofreció a sí mismo sin mancha a Elohim, limpiará vuestras conciencias de las obras muertas para servir al Elohim Viviente! (15) Por tanto, es mediador de un mejor Pacto [el que anunció Jer.31:31-34], para que habiendo interpuesto una muerte para la remisión de las transgresiones anticipadas en el primer Pacto, los que han sido llamados recibieran la promesa de la herencia eterna.

El Nuevo Pacto (Brit Hadasha) lo ha comenzado a gestar Yeshúa el Mesías, y lo consolidará con todo el Pueblo del Israel a su regreso, cumpliéndose específicamente lo que dice en la profecía:

Jer.31:33-34 Pero éste será el Pacto que haré con la Casa de Israel después de aquellos días –declara YHWH: Pondré mi Torá en su interior y la escribiré en su corazón.  Entonces Yo seré su Elohim, y ellos serán Mi Pueblo.  (34) Ya no necesitarán enseñarse unos a otros y decirse unos a otros: “Hazle caso a YHWH”; porque todos ellos me harán caso, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande – declara YHWH.  Porque Yo perdonaré su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.

Entonces la sangre derramada por Yeshúa tomará el sentido pleno y total que muestra el profeta Isaías en el cap.53 al Mesías como siervo sufriente, pero victorioso al final de los tiempos, cumpliendo sobre todo con el Propósito y Plan del Altísimo Santo Él.


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Núm.20:1-2 En el primer mes, los israelitas –toda la comunidad- llegaron al desierto de Tzin y el pueblo acampó en Kadesh. Allí murió Miriam, y allí fue sepultada. (2) No había agua para la comunidad, por lo que se congregaron contra Moshé y contra Aharón.


Nos dice el Midrásh (Rab.Moshé Weissman, Ed.Bnei Sholem):

El Fallecimiento de Miriam y la Desaparición del Manantial de Miriam

En el diez del mes de Nisán del cuadragésimo año en el desierto, ocurrió una tragedia nacional. Cuando los judíos arribaron al desierto de Tzin, la hermana de Moshé, Miriam falleció. Ella tenía ciento veinticinco años de edad. Miriam había enseñado y guiado a las mujeres, al igual que Moshé y Aharón habían enseñado a los hombres. Ella fue una de las siete profetisas conocidas. Miriam falleció sin dolor. La Shejiná (Divinidad) se le reveló, de ese modo atrayendo a su alma gozosamente de regreso a su fuente (mitat neshiká).

La narración de la muerte de Miriam sigue a las leyes de la pará adumá (a pesar de que su fallecimiento ocurrió en el cuadragésimo año en el desierto, mientras la pará adumá fue quemada en el segundo año). La Torá yuxtapuso estos dos eventos para enseñar que la muerte de un tzadik (justo) logra expiación para Kelal Israel, así como lo hacen las aguas de la pará adumá.

Tan pronto como Miriam falleció, Hashem provocó que el Manantial de Miriam desapareciera temporariamente, para que Benei Israel se dieran cuenta que su manantial de agua había sido dado en el mérito de Miriam. Así apreciando su grandeza, ellos harían duelo por esta tzadeket (justa) en una manera apropiada.
La generación del desierto recibió tres dones en mérito de sus tres grandes líderes:


- En el mérito de Miriam, un manantial
- En el mérito de Aharón, Nubes de Gloria
- En el mérito de Moshé, el maná.


¿Por qué están estos tres líderes asociados con estos particulares dones?
Ellos personificaron los tres pilares que sostienen el mundo- Torá, avodá (servicio), y actos de bondad.

- Moshé fue el dador de la Torá y su maestro por excelencia. Por consiguiente, en su mérito los israelitas recibieron el maná, cuya entrega diaria aliviaba la necesidad de ganarse la vida y cuya ingestión los asistía en el estudio de Torá.

- Aarón personificó la avodá. Su devoción al Servicio de los sacrificios trajo la Shejiná (Divinidad) a Kelal Israel. Las Nubes de Gloria fueron por lo tanto provistas en su mérito, porque ellas representaban la Shejiná que moraba con el pueblo judío.


- Miriam sobresalió en el tercero de los tres fundamentos, bondad.
Desde su juventud se dedicó al bienestar de su pueblo. Aún como una niña pequeña, asistió a su madre como partera y llevó comida a los pobres. A causa de su atributo de jesed (bondad), Hashem proveyó a los judíos de agua, una necesidad vital.»


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Es importante lo que dicen los Sabios en lo subrayado:  “la muerte de un tzadik/justo logra expiación de pecados”. Y así como con Miriam, ha pasado con muchos tzadikim (justos), entre los cuales está el más grande que es Yeshúa nuestro Maestro y Mesías.  Su muerte provoca expiación porque su entrega produjo que el Todopoderoso se compadezca y perdone a quienes lo imiten.  Esto está demostrado también en Isaías 53, en el cual yo creo que el Altísimo, con Sabiduría inabarcable, habla al mismo tiempo del Pueblo de Israel y del Mesías:

Is.53:3 Fue despreciado, desechado por los hombres; varón de sufrimientos, familiarizado con la enfermedad. Como uno que esconde su rostro de nosotros, fue menospreciado, y lo estimamos como nada. (4) Sin embargo eran nuestras enfermedades las que llevaba, nuestros sufrimientos los que soportó. Nosotros lo contamos como plagado, herido, afligido por Elohim. (5) Pero él fue herido por nuestros pecados, molido por nuestras maldades. Llevó el castigo que nos restauró, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.

Por los mérito de su entrega y primera venida que se conoce como “Mesías Ben Iosef”, los gentiles de todas las naciones que estaban alejados de la Torá (como “muertos”) y de la Vida Verdadera con sus bendiciones, tienen acceso a integrar el Pueblo de Israel, pero siguiendo los pasos del Rabí Yeshúa; es decir, imitándolo en la práctica de la Torá, la misma Torá dada a Moshé.  Yeshúa tenía todas las virtudes del mismo Moshé básicamente, pero además mostró también en gran plenitud los Atributos del Todopoderoso para una correcta aplicación de Su Palabra (Torá); y jamás enseñó a transgredirla como mal enseñaron en la nueva religión que nació con ayuda del imperio romano (“Edom”).  Y esto lo explicó también el enviado Shaúl a los gentiles para llevarles la buena noticia, cuando dijo en la carta a la comunidad de Efesos:

Ef.2:1 En cuanto a ustedes, estaban muertos en sus delitos y pecados, (2) en los cuales anduvieron en otro tiempo, conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. (3) En otro tiempo todos nosotros vivíamos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás. (4) Pero Elohim, que es rico en compasión, a causa de su gran amor con que nos amó, (5) aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con el Mesías. ¡Por un favor están ustedes salvos!

Entiendan bien lo que explica aquí Shaúl para no tergiversar el mensaje como se hizo en el cristianismo.  “Estaban muertos” alude a estar sin Vida que provee la Torá y sus Mandamientos, los cuales representan la Voluntad Celestial.  Y los gentiles vivían según las costumbres del mundo pagano e idólatra, creyendo en dioses múltiples, como es el caso de la trinidad o igualdad de seres entre el Eterno y el Mesías, y ese es el espíritu de desobediencia.  También eran los gentiles esclavos de las pasiones de la carne y de lo que el ego propio quiere hacer en contra de la Voluntad del Altísimo (ver Mat.6:24-34).  Y esta actitud sólo se puede cambiar y obtener liberación a través de la observancia de la Torá, que es la que tiene el Poder para guiarnos a ello, acompañándola con plegarias constantes.  El dar vida a los gentiles ignorantes de la Torá, significa que por medio de la intervención de Yeshúa y sus emisarios nazarenos, la Torá se pudo conocer entre las naciones gentiles.  Con Yeshúa comenzó a cumplirse la profecía mencionada en Zac.8:22-23.
Y cuando se cumpla el tiempo determinado de entrada de gentiles al Pueblo de Israel, todo Israel será redimido con la llegada del Mesías, como dijo Shaúl en Rom.11

Rom 11:25 Hermanos, para que no sean sabios en su propio concepto, no quiero que ignoren este misterio: que el endurecimiento que le ha ocurrido a Israel es parcial [temporal], hasta que haya entrado [a Israel] el número pleno de gentiles (convertidos en israelitas para vivir según la Torá completa); (26) y entonces todo Israel se salvará, como está escrito: “De Tzión vendrá el Libertador, para quitar de Iaakov la impiedad; (27) éste es mi compromiso con ellos, cuando yo quite sus pecados” (Is.59:20-21). (28) Así que, con respecto a la Buena Noticia (Besorá/”evangelio”) son adversarios (por causa del rechazo a Yeshúa como Mesías), para ventaja de ustedes (los gentiles que entran a Israel por el Favor del Todopoeroso a través de las enseñanzas de Ieshúa); pero en cuanto a la elección son predilectos por motivo de los padres (como Pueblo descendiente de Iaakov jamás será rechazado mientras vivan según la Torá); (29) porque los dones y el llamamiento de IHWH son irrevocables (lo que dijo el Altísimo se cumplirá como todas Sus Profecías anunciadas por los Profetas).

Está muy claro aquí lo dicho por Shaúl. El “endurecimiento de Israel” se refiere a no reconocer a Yeshúa como Mesías que ya vino, y eso es parcial hasta que la plenitud de los gentiles (que determine el Altísimo) ingresen al Pueblo de Israel, y no para mantenerse aparte como pueblo gentil o transgresor de la Torá.  Y luego se salvará todo Israel, esto es, los que rechazaban a Yeshúa como Mesías, junto a los gentiles que por medio de sus enseñanzas pasaron a ser israelitas.
Y cuando llegue el momento del regreso del Mesías como “Ben David”, entonces será como la expiación de los pecados por medio de una gran “vaca roja” para aquellos que escogieron vivir en obediencia a la Palabra del Todopoderoso detallada en Su Torá, sean israelitas de nacimiento o extranjeros/gentiles que se adhirieron al Pueblo por medio de la obediencia de la misma Torá convirtiéndose en israelitas.



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Núm.21:4-9 Partieron (los israelitas) del monte Hor por el camino hacia el Iam Suf (Mar Rojo), y bordearon la tierra de Edom (ubicada al sud-este del Mar Muerto. Lo bordearon porque no les permitieron atravesarla. Después del fallecimiento de Aharón, los israelitas retroceden 7 estaciones, en dirección al Iam Suf). (5) El pueblo estaba impaciente a causa del camino (por haber estado simultáneamente “tan cerca y tan lejos” de la Tierra Prometida). El pueblo comenzó a hablar contra Elohim y contra Moshé: “¿Por qué nos sacaron de Egipto para morir en el desierto?, no hay pan ni agua. ¡Estamos cansados de este pan insustancial (o sea, del maná)!” (6) Entonces IHWH mandó contra el pueblo serpientes venenosas para morder a la gente. Falleció una gran multitud de Israel. (7) El pueblo se dirigió a Moshé, diciendo: “(Reconocemos) la transgresión en que incurrimos al haber hablado contra IHWH y contra ti. Ora a IHWH que saque de nosotros las serpientes”. Y Moshé pidió por el pueblo. (8) IHWH le dijo a Moshé: “Hazte una serpiente venenosa (de cobre) y ponla en un mástil. Cuando la miren los que fueron mordidos, se salvará”. (9) Moshé hizo la serpiente de cobre y la puso en un mástil. Y en efecto, cuando una serpiente mordía a alguien, ése miraba a la serpiente de cobre y se salvaba.



Edom se identifica proféticamente con el Imperio Romano y todo lo que ha derivado del mismo, ya sea en costumbres de vida, sistema político, judicial y religioso con el nacimiento del cristianismo.  Esta religión, deformando la mayoría de las creencias hebreas (incluso la de los judíos nazarenos), se consolidó a través del poder del imperio como fe del mundo occidental (con un Mesías creado a partir de deformaciones de las enseñanzas y persona de Yeshúa, e idolatrado como un dios-hombre); pasando a representar la desobediencia plena a la Voluntad del Todopoderoso, semejante a como en antiguos tiempos lo hacían los samaritanos (ver 2Reyes 17:24-41).  Este hecho histórico podría aludirse en la frase: “y bordearon la tierra de Edom”.

Es por eso que la Torá dice luego: “El pueblo estaba impaciente…”, “El pueblo comenzó a hablar contra Elohim y contra Moshé…”.  Por causa del poder de este gran Imperio de “Edom”, que aún sigue obrando, muchos israelitas comenzaron a vivir alejados de la Torá por causa de la tradición gentil, lo que aludiría el “hablar contra Moshé”.  Y el vivir aferrados a una creencia no hebrea, se puede considerar como “hablar contra Elohim”.  ¿Por qué digo esto?  Por la frase “¿Por qué nos sacaron de Egipto para morir en el desierto?, no hay pan ni agua. ¡Estamos cansado de este pan insustancial (el maná)”. Lo que muestra primeramente el engaño de creer que la bendición de la vida según la Torá es sólo de sufrimientos. Y esto porque se comienza a perder la vista de lo esencial de la vida: obedecer la Torá y servir al Todopoderoso.  Y la Torá se identifica con “pan y agua”, como también con el “maná”, que es la Palabra de Vida del Altísimo, tal como está mencionado en Deut.8:3.

Cuando las tentaciones mundanas junto a las costumbres paganas de las naciones ofrecen un gozo terrenal y transitorio, y el israelita sucumbe ante tales ofrecimientos que son incitados por la Ietzer Hará (mala inclinación natural a desobedecer los mandamientos de Hashem), se produce la ceguera, la queja, y la asimilación a otras creencias que no son de Torá.  Entonces, ¿qué sucede?  El Eterno manda “serpientes venenosas”.  Esta imagen puede aludir a las enseñanzas erróneas en contra de la Torá, para que enfermen el alma con paganismo e idolatría.  Y de esto habló claramente Shaúl de Tarso (Pablo), advirtiendo especialmente a los israelitas que habían creído en Yeshúa como Mesías, sobre la operación que se puede identificar con “serpientes venenosas”, cuando dijo:

2Tes.2:7-13 Porque ya está obrando el misterio de la anulación de la Torá; solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora lo detiene. Y entonces se manifestará el [hombre] sin-Torá (comp.frag. Mat.7:21-23; Mat.24:11-13), a quien el Maestro Yeshúa matará con el soplo de su boca (Cfr. Is.11:4) y destruirá con el resplandor de su venida.  El advenimiento del sin-Torá se realizará por obra del satán (adversario-acusador-engañador), con todo poder, señales y prodigios falsos, y con todo engaño malévolo entre los que perecen, por cuanto no recibieron el amor de la Verdad (amor a la Torá y obediencia a sus mandamientos) para liberarse.  Por esto, Elohim les enviará un poder engañoso para que crean en la mentira (serían las “serpientes venenosas”), para que se pierdan todos los que no creyeron en la Verdad (de la Torá), sino que prefirieron la injusticia (la desobediencia rebelde y transgresión consciente de la Palabra del Padre Eterno).  Pero nosotros debemos dar gracias a Elohim siempre por ustedes, hermanos amados del Maestro, de que Elohim los haya escogido como primicias para salvación, mediante la santificación del espíritu (por medio de la obediencia de los mandamientos) y por la fe en la Verdad (de la Torá - la Palabra Eterna e invariable del Todopoderoso).

Quedó claro lo que dijo el emisario, que ese ministerio en contra de la Torá, según la correcta traducción del pasaje, es lo que ya estaba ocurriendo en tiempos de Shaúl, y se identificaría con las “serpientes venenosas” que envenerarían el alma con la desobediencia a la Torá y la enfermaría de muerte (quitando el premio de la vida perpetua en Tierra Prometida de Israel).

Sin embargo, el Altísimo ordenó hacer una serpiente de cobre y ponerla en un mástil.  Mucho cuidado con tomar este pasaje supersticiosamente, como fue el error en que, en tiempos posteriores, cayó el pueblo de Israel y la escultura tuvo que ser destruída como está escrito en 2 Reyes 18:1-4.


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El motivo correcto de la serpiente nos lo explica el Rab.Segal, en un comentario a la Torat Emet:

«¿Pero acaso una mera serpiente de cobre tiene el don de matar y de revivir? Más bien, el secreto del presente pasaje radica en que para mirar la serpiente había que mirar hacia Arriba, esto es, debían orientar sus pensamientos hacia el Creador, lo que los inducía a abandonar sus malas conductas. Y entonces se sanaban. Otra explicación: Debían mirar hacia arriba para descubrir que la raíz cósmica de todas las cosas y eventos es la misma, y también la raíz de la serpiente. De modo que incluso lo que a nuestros ojos se presenta como malo o negativo, también tiene un sentido, pues en esencia, ningún mal proviene de Arriba. Sólo es cuestión de orientar la vista en la dirección adecuada.»


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Teniendo en cuenta estas palabras, y la explicación anterior con respecto a la influencia de Edom/Imperio Romano, podemos entender que la serpiente es el símbolo no sólo del engaño, sino también de practicar Lashón Hará (maledicencia, chismerío, calumnia).  Y el hecho de fijar la mirada en la serpiente sobre el mástil en lo alto, nos enseña a elevar/preparar el alma y la mente con la voluntad plena en observar los mandamientos de la Torá del Todopoderoso, para llevar curación al alma transgresora luego de reconocer que se ha transgredido confesando la falta.  Esa es la idea de la Teshuvá (arrepentimiento y volver a obedecer la Torá/Palabra del Altísimo).

¿Qué fue lo que daba curación a los israelitas picados por serpiente venenosas?  No una orden del Eterno que bastaría, sino una imagen de una serpiente venenosa suspendida en un mástil para que se vea.  Recordemos que en medicina, el veneno mismo de la serpiente se usa como suero/antídoto para curar su picadura; por lo tanto, lo que nos enseña profundamente este pasaje es que el alma enferma de pecados (“picaduras de serpientes”) debe “mirar al cielo” (buscar al Eterno) en plegarias, reconociendo y confesando tales pecados, y poniendo toda la voluntad en no volver a cometerlos.  Esto implica el deseo de liberarse (curarse) de las consecuencias negativas de transgredir los mandamientos del Eterno.  Y para obtener ese “antídoto” se debe estudiar profundamente la Torá y Profetas para saber cómo contrarrestar la ignorante desobediencia.

Y esta curación con el tiempo será la recuperación de las raíces hebreas en obediencia a la Torá del Pueblo asimilado en el Israel exiliado como Efráim entre las naciones.  Y esa sanación de las “picaduras de serpientes venenosas” (entendido también como ignorancia), será también la restauración del Pueblo de Israel que permitirá sanación para muchos gentiles alejados de la Torá (que oirán y entenderán las palabras del verdadero Mesías), uniéndose a esa restauración por medio de la corrección de las tergiversadas enseñanzas de Yeshúa.


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Y el Midrásh nos enseña:

«Por supuesto, ni una breve mirada ni intenso mirar a la serpiente podía efectuar una cura. Más bien, Hashem implicaba que una persona afligida que dirigía su corazón en dirección al cielo, mirando a la serpiente con los pensamientos apropiados de teshuvá, sería curada. Un rashá (malo constante) no se recuperaría mirando a la serpiente.

¿Por qué causó Hashem la recuperación por medio de una serpiente? Su vista despertaría la conciencia del mal de lashón hará. La serpiente es un símbolo de lashón hará, porque la primera serpiente en el Gan Edén (Paraíso) calumnió al Creador. Mirar a la serpiente llevaría a un pecador por lo tanto a hacer teshuvá.»


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Lo mismo sucede cuando se habla de “nacer de nuevo” por medio de la inmersión en aguas (tevilá) “en el nombre del Mesías”. Hay que tener mucho en cuenta qué significa ese paso.  Muchos creen que sumergiéndose en agua ya son “nuevas personas”, y de esa manera caen en un gran engaño por no entender la profundidad del simbolismo de ese rito.  El agua siempre es símbolo de las enseñanzas y vida según los mandamiento de la Torá.  Por eso, sumergirse en ellas debe entenderse como una decisión total de vivir de acuerdo a los Mandamientos que están en la Torá.  El hecho de utilizar el nombre del Mesías implica tomar conciencia y responsabilidad de imitar su vida, que no fue otra que vivir plenamente cumpliendo con los mandamientos de la Torá.  Recién cuando uno hace y entiende eso, o sea, se zambulle totalmente en las Aguas/Mandamientos de la Torá (buscando cumplirlos todos), e imita el caminar de Yeshúa, entonces así uno puede llegar a ser una nueva persona o nacer de nuevo a la Vida Verdadera, y lograr el premio de la Vida Perpetua en Israel.  Eso también enseña la cura de la serpiente.  Es decir, ser salvos y liberarse de las mentiras que enseñan a vivir actuando en contra de la Torá, y eligiendo la esclavitud a las tentaciones carnales y al deseo del ego propio para vivir mundanamente y con muchos sufrimientos.



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Núm.20:7 IHWH le habló a Moshé, diciendo: (8) “Toma el bastón y reúne a la comunidad –tú y tu hermano Aharón- y háblale a la roca a la vista de ellos y ella dará sus aguas.  De ese modo sacarás agua de la roca para ellos y le darás de tomar a la comunidad y a sus ganados”. (9) Moshé tomó el bastón ante IHWH, tal como se lo ordenara. (10) Moshé y Aharón congregaron a la comunidad ante la roca. Moshé les dijo: “Escuchen rebeldes! ¿¡acaso de esta roca quieren que saquemos agua para ustedes!?” (11) Moshé levantó su mano y golpeó dos veces con su bastón la roca y emergió abundante agua. Así, tomaron la comunidad y sus ganados. (12) Sin embargo, IHWH les dijo a Moshé y a Aharón: “Por no haber confiado en Mí para santificarme en presencia de los israelitas, no serán ustedes quienes hagan ingresar a esta comunidad a la tierra que Yo les he entregado (Si en lugar de golpear a la roca Moshé le hubiese hablado, el pueblo habría podido razonar: “Si una mera roca, materia inerte, que no requiere del sustento diario de Hashem, tiene el don de obedecer Su orden en cuanto a sacar agua de sí misma, cuánto más debemos obedecerLe nosotros”). (13) Éstas son las aguas de Merivá (disputa), donde los israelitas disputaron contra IHWH y Él fue santificado por medio de ellos. (Torat Emet) 


El Pueblo de Israel se queja nuevamente por falta de agua, lo que implica quejarse por el sufrimiento de no asimilar los Mandamientos de la Torá que calman verdaderamente la sed espiritual.  Dicho de otra manera:  estos quejosos tenían aún sed espiritual despreciando el Agua/Mandamientos, lo que les reducía a cero la confianza en el Todopoderoso Sustentador de ellos y los hacía sufrir esclavos a lo material y mundano.  Este mismo problema está muy bien explicado por Yeshúa en Mat.6, sobre todo cuando dijo:

Mat 6:31-33  Así que no se preocupen, preguntándose: '¿Qué vamos a comer?' o '¿Qué vamos a beber?' o '¿Con qué vamos a vestirnos?' (32)  Todas estas cosas son las que preocupan a los gentiles [no judíos], pero ustedes tienen un Padre celestial que ya sabe que las necesitan.  (33)  Por lo tanto, pongan toda su atención en el Reino de los Cielos y en hacer lo que es justo ante el Eterno, y recibirán también todas estas cosas.

Pero, cuando se vive esclavo de lo material y sin fe con plena confianza en el Sustentador de todo, entonces no se busca al Eterno, y peor aún, uno vive esclavo a lo mundano y material, tal como está advertido por Yeshúa también cuando dijo:

Mat 6:24 Por aquel tiempo Iehoshúa dijo a sus discípulos: No puede el hombre servir a dos señores, excepto que a uno aborrezca y al otro ame, o que a uno honre y al otro menosprecie; ustedes no pueden servir al Poderoso [Eterno] y a lo mundano [lo material].

Y el Pueblo de Israel en Merivá (disputa) tenía sobre todo sed de Agua Celestial, que es asimilar espiritualmente los Mandamientos de la Torá del Eterno para tener confianza total en Él.  Es por eso que dice el Salmo 95:

Salm.95:6-11 Vengan, prosternémonos e inclinémonos; arrodillémonos ante IHWH, nuestro Hacedor [significa obedecerLe para tener plena confianza en Él]. (7) Pues Él es nuestro Elohim, y nosotros somos el pueblo de Su pastoreo y las ovejas de Su mano [y por ello no dejará de sustentarnos y cuidarnos, aún si sufrimos problemas]. Incluso hoy, si tan sólo escuchásemos Su Voz… [si hacemos los que Nos manda a hacer por medio de Sus Mandamientos, Lo tendremos como un Pastor que no dejará que suframos más allá de lo que podamos soportar] (8) No endurezcan sus corazones como en Merivá, como en el día de Masá, en el desierto, (9) donde Me tentaron sus padres. Me probaron, aunque vieron Mi Obra. (10) Cuarenta años luché con aquella generación y dije: “Son un pueblo de corazón errante. No conocen Mis Caminos.” (11) Por eso juré en mi ira: “No ingresarán en la morada de Mi reposo [en Tierra de Israel].

Y Shaúl de Tarso nos enseñó claramente sobre este pasaje:

Heb 3:12-19 Así que, hermanos, tengan cuidado: que no haya en ninguno de ustedes un corazón malo de incredulidad [con fe desobediente] que los aparte del Elohim vivo.  (13) Más bien, exhórtense unos a otros cada día, mientras dure ese “hoy”, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado [transgresión de la Torá].  (14) Porque hemos llegado a ser compañeros del Mesías, si de veras retenemos hasta el fin nuestra confianza del principio [o sea, si imitamos la obediencia que enseñó Yeshúa el Mesías], (15) mientras se dice: “Si oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones como en Merivá”.  (16) Porque ¿quiénes fueron los que lo provocaron después de oírlo? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto con Moshé? (17) ¿Y con quiénes se disgustó durante cuarenta años? ¿No fue precisamente con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? (18) ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquéllos que no obedecieron? (19) Y vemos que ellos no pudieron entrar debido a su incredulidad [por una fe desobediente que les quitaba confianza plena en el Eterno, es decir, una fe superficial y vana, vacía, como eplica Yaakov (Stgo) 2:14-17].

Entonces, para no caer en ese estado de fe desobediente y desconfiada, el Eterno le dice a Moshé que “le hable a la roca”.  La Torá se asimila a la roca, pues es llamada las Tablas del Testimonio (roca escrita por fuego celestial).  Pero también la Roca es el Todopoderoso; por lo tanto, Moshé debía “hablarle” a la Torá, que es como hablarle al Eterno.  ¿Qué significa todo esto?  Que Moshé debía “conectarse” con la Palabra del Santo Bendito Es, para aplicar plenamente lo que aprendió de ella, con la confianza total en la Sabiduría Celestial para enseñar en ese momento crucial de falta de fe firme del Pueblo, que lo principal era una vez más confiar absolutamente en el Sustento del Eterno.  Pero tropezó junto con Aharón, y terminó golpeando la roca, cuando la orden era hablarle.  Este error/desobediencia, al parecer pequeño pero no para un justo como Moshé, le acarreó el castigo de no entrar a Tierra de Kenaan, y la espera sin vida hasta la vuelta de Yeshúa para que entre a vivir en Tierra Prometida de Israel, lo mismo que Aharón.

Esta explicación se basa en lo que nos eseñó el mismo Moshé en el repaso de la Torá, por ejemplo:

Deut. 32:3-4 Porque el nombre de IHWH proclamo; ¡den gloria a nuestro Elohim!  (4) ¡Él es la Roca! –sus obras son perfectas, sí, todos sus caminos son justos; un Elohim fiel, nunca falso, verdadero y recto es Él.

Deut.32:15 Así Yeshurún [Israel] engordó y pateó –se puso grueso y cebado y ordinario– abandonó al Elohim que lo hizo y menospreció a la Roca de apoyo.

Deut.32:18-20 Descuidaste a la Roca que te engendró, olvidaste al Elohim que te produjo.  (19) IHWH lo vio y se enojó y despreció a Sus hijos y a Sus hijas.  (20) Dijo: Ocultaré mi rostro de ellos, y veré cómo les va al final. Porque son una raza traidora, hijos sin ninguna lealtad.

Descuidaron a la Roca, es decir, desobedecieron, fueron infieles desconfiados, no creyeron en el Todopoderoso luego de presenciar tantos milagros.  Por eso fueron castigados y no entraron a Tierra de Israel.  Menospreciaron a la Roca/Torá que era la verdadera Agua para calmar la sed espiritual que sufrían, por encima de la física.  Y por esto se entienden correctamente las palabras de Yeshúa cuando habló con la samaritana:

Juan 4:7-14 Vino una mujer de Samaria para sacar agua, y Yeshúa le dijo: “Dame de beber”.  (8) (Porque los discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.)  (9)  Entonces la mujer samaritana le dijo: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).  (10) Yeshúa le respondió: “Si conocieras el don de IHWH, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le hubieras pedido a él, y él te habría dado agua viva”.  (11) La mujer le dijo: “Maestro, no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo. ¿De dónde, entonces, obtienes esa agua viva?  (12) ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Yaakov que nos dio este pozo, de donde bebían él, sus hijos y su ganado?”  (13)  Yeshúa le respondió: “Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed.  (14) Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Y esa “agua viva” son las enseñanzas de la Torá aplicada en la manera más correcta.  Esa agua es la que calma realmente la “sed espiritual”, la que no habían calmado el Pueblo que se quejó en Merivá ante Moshé y Aharón por falta de fe obediente y confianda en el Poder del Eterno, abrazando Su Palabra/Roca/Torá.  Y Yeshúa era el PortaVoz de esa Palabra para que calmaran la sed del alma.  Por ello también dijo David:

Salm.31:2-3 Inclina a mí tu oído, sálvame pronto; sé para mi una Roca fuerte, un castillo fuerte para librarme.  (3) Tú eres mi Roca y mi Fortaleza, me guías y me encaminas en honor a tu nombre [por medio de los mandamientos de Tu Torá].

Salm.18:2 IHWH es mi peña, mi fortaleza, mi libertador, mi Elohim, mi Roca en la que me refugio [obedeciendo y practicando Sus Mandamientos], mi escudo, el poder que me rescata, y mi baluarte.

Yeshúa también habló en parábola cuando se refirió a la ventaja del hombre que edifica su vida de acuerdo a la Roca/Palabra del Eterno.

Luc.6:48 Se parece a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación [las pruebas de obediencia para mostrar una fe confiada en el Eterno], el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa [se presentaron juntas las oportunidades para probar la obediencia a los mandamientos, incluso los desaciertos inevitables], pero no la pudo mover, porque estaba bien construida [estaba firme con la confianza plena en seguir trabajando a pesar de los tropiezos, creyendo que todo es para bien y que todo está controlado por el Todopoderoso para mejor].


Finalmente, los Sabios nos enseñan que Moshé y Aharón santificaron el Nombre Bendito del Eterno con sus muertes.  Sin embargo, el hecho de que Moshé y Aharón no condujeron a Israel por Tierra Prometida alude a que no santificaron al Eterno como sí lo hizo Yeshúa con su obediencia absoluta (por eso es mayor "profeta" que Moshé y mayor "sacerdote" que Aharón), algo que está profetizado simbólicamente en el caudillo Yehoshúa hijo de Nun y su obra.  Es decir, Yeshúa el Mesías es quien provocará con su regreso la Restauración total de Israel llevándolo a Tierra Prometida con el comienzo de su reinado milenial.  Y así se consumará la santificación de todo Israel en su Tierra Santa, todo para la Gloria del Santo Bendito Él. Amén!

Bendiciones a todos!

Gavriel.

2 Comments:

At 12:26 p. m., Blogger Lucar said...

Hola Gavriel,

Estuve leyendo el Salmo 19 y me preguntaba sobre las diferentes palabras utilizadas entre los versos 7 y 9: Ley (torah), testimonio (Edút), mandamientos (Piqqúd), precepto (Mitzváh), y juicios (Mishpat). Me gustó tu descripción del significado de las distintas palabras en hebreo, pero no hallé un ejemplo o significado particular de los terminos Piqqúd y Mitzváh. Podrías darme algunos por favor?

Saludos,
Salvador
slucar@gmail.com

 
At 11:41 a. m., Blogger Gavriel ben Yosef said...

Hola Salvador. Gracias por tu comentario y disculpa la demora en responder. Pikkud y mitzvot se pueden usar en el mismo sentido, pues en los Salmos aparece pikkud (precepto) en el sentido de mitzvah (mandamiento). Es una manera general de referirse a las ordenanzas del Eterno. Un ejemplo de ello son los llamados "10 mandamientos". Saludos.

 

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